Bobby Bowden: Vida, Obra y Milagros

Third Eye
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17 de Septiembre de 1988. Florida State juega en Clemson ante 82,500 gargantas que abarrotan “Death Valley”. El partido, televisado a nivel nacional, está empatado a 21 a falta de 1:30 para que termine el tiempo reglamentario. FSU tiene el balón en su propia yarda 21, enfrentándose a un 4º down y 4. El punt parece inevitable, ¿verdad? No para Bobby Bowden. El entrenador de los Seminoles decide jugárselo todo a una carta, utilizando una jugada que había diseñado él mismo 30 años antes mientras entrenaba a la semidesconocida South Georgia College: “the punt-rooskie”. Dayne Williams recibe el snap, quien deja el balón disimuladamente entre las piernas de LeRoy Butler. Williams y el resto de sus compañeros corren hacia la derecha mientras que Butler (que es quien tiene el balón) lo hace sorprendentemente hacia la izquierda, a campo abierto, hasta la yarda 1 de Clemson, donde es placado “in extremis”. Nadie en el estadio puede creer lo que acaba de ver, hasta los propios cámaras de la retransmisión televisiva original se tragaron la jugada de engaño. Florida State dejó correr el reloj y ganó el partido con un field goal en el último segundo. Una carrera de 78 yardas que ya forma parte de la historia del football universitario.
Ésta es una de las muchas jugadas que han forjado la leyenda de Bowden como un genio de las trick plays, y un icono del college football. El entrenador que más partidos ha ganado en la historia de la Division I-A con 368 victorias (incluyendo la de la semana pasada contra Colorado), y una de las personas más admiradas y respetadas del deporte universitario.
Aprovechando que recientemente ha sido incluido en el Hall of Fame del football universitario (algo inaudito para alguien que sigue en activo y que puede hacernos a la idea del significado que tiene su figura), os invito a conocer su historia.

Vídeo del “punt-rooskie” en YouTube
Su Primeros Pasos
Robert Cleckler Bowden nació el 8 de Noviembre de 1929 en Birmingham (Alabama) en el seno de una familia acomodada (su padre era banquero) y profundamente religiosa. Tuvo una infancia normal hasta que a la edad de 13 años cayó enfermo de fiebre reumática, una enfermedad potencialmente mortal en aquellos tiempos y que tardó casi 2 años en superar. Estuvo ingresado en un hospital durante los seis primeros meses para luego estar postrado en una cama en casa durante más de un año entero. Durante ese tiempo su única compañía fueron su imaginación y una radio, a la que se pasaba pegada el día entero, escuchando las noticias sobre la Segunda Guerra Mundial y las retransmisiones de los partidos de football universitario. Fue ahí donde desarrolló su afición por sus dos grandes pasiones: la estrategia militar y, especialmente, la universidad de Alabama, cuyos partidos esperaba y escuchaba ansiosamente las mañanas de los sábados de temporada, soñando con poder llegar a ser algún día un Crimson Tide (a pesar de las palabras de su médico que le afirmó que nunca más podría volver a practicar ningún tipo de deporte o no llegaría a vivir más de 40 años).
Pero su determinación, y las plegarias de su familia por su recuperación, obraron el milagro y Bobby consiguió recuperarse físicamente como si siempre hubiese sido un joven sano y normal. Desde primaria había mostrado grandes dotes para el football, pero no fue hasta su llegada al instituto (el Woodlawn High School de Birmingham) cuando se destapó como un gran QB. Sus extraordinarias actuaciones no pasaron desapercibidas ni para la todopoderosa universidad de Alabama, que le ofreció una beca completa a su talento local, convirtiendo en realidad el sueño de un niño.
Aunque su estancia en Tuscaloosa duraría más bien poco, exactamente un semestre. Bowden se pasaba el día ocupado entre los entrenamientos del equipo freshman y las clases. Por fin era un Crimson Tide y su vida giraba en torno al football, su gran pasión. Pero no era feliz, echaba demasiado de menos su casa, su familia, Birmingham, y especialmente a Ann, su novia del instituto, a la que durante ese tiempo sólo podía ver los fines de semana. Hasta que en una de sus visitas decidieron casarse en secreto (ya que ella tenía 16 años y aún iba al instituto). Esta decisión no podía deberse sólo a una locura juvenil pues con ella renunciaba a su futuro en la universidad de Alabama ya que su reglamento contemplaba que al casarse perdías la beca, así que tuvo que ser transferido a la universidad de Howard College (hoy en día conocida como Samford), una pequeña institución de los alrededores de Birmingham.
Los padres de Bowden les ayudaron al principio de su matrimonio, primero viviendo en su casa mientras Ann terminaba el instituto y Bobby seguía con sus estudios universitarios, y más tarde cuando Ann comenzó a trabajar para el padre de Bowden, con lo que ya podían hacer frente al alquiler de un modesto apartamento. Pero la vida en Howard cambió radicalmente para Bobby. Tuvo que centrarse en sus estudios pues, aunque siguió jugando al football y otros deportes en su nueva universidad, sabía que las posibilidades de seguir en el mundo del football era extremadamente remotas para un jugador de una universidad casi desconocida. Así, Bowden se graduó en 1953, completando sus estudios con un máster por la George Peabody College de Nashville (Tennessee). Gracias a este título se le presentó la oportunidad de trabajar como entrenador asistente en Howard, puesto en el que estuvo durante los dos años siguientes. Según palabras del propio Bowden era el mejor trabajo que podía tener en ese momento, pues no sólo me permitía seguir ligado al mundo del football sino también podía ya mantener a mi propia familia a pesar del escaso sueldo que tenía“. Howard sólo ganó tres partidos en esos dos años pero para Bowden es una de las mejores experiencias de su vida, donde más aprendió y de las que más disfrutó.
Head Coach
En 1954 nacía el tercer hijo de la pareja lo que hizo que los Bowden se plantearan un cambio con mayores miras, aceptando el puesto de director deportivo y entrenador principal de football y baloncesto en la South Georgia College, un modestísimo junior college de Douglas (Georgia), una población de apenas 10.000 habitantes. Según todas las fuentes, el trabajo con el equipo de football fue realmente espectacular, por contra, en el de baloncesto fue simplemente patético. Así que, en palabras del propio Bowden como yo era el director deportivo, me despedí a mí mismo como entrenador del equipo de baloncesto tras la primera temporada“. Y empezó a centrarse en el equipo de football. En sus cuatro años como head coach de los Tigers, Bowden ganó tres campeonatos estatales de junior colleges, y fue nombrado en dos ocasiones como Entrenador de Año del estado en 1955 y 1957. Bowden sigue llamando a sus jugadores del South Georgia College como “sus chicos”, a pesar de que la mayoría eran apenas unos años más joven que él, e incluso algunos que habían servido en el ejército eran mayores. “Yo tenía 25 años por entonces, y algunos de mis jugadores 26 o 27. Les entendía bien porque tenía más o menos su misma edad pero debía comportarme de manera que pareciese mayor. Empecé a llevar un sombrero e incluso pensé en hacer que me llamaran Robert en vez de Bobby, para inspirar mayor respero, pero llegué a la conclusión de que si Bobby Dodd lo utilizaba y estaba entrenando a Georgia Tech también valdría para mí“.
Fue en su estancia en Georgia donde Bobby empezó a diseñar y utilizar jugadas de engaño. Según Stump Franklin, uno de sus jugadores, “practicábamos todo tipo de trick plays, desde el punt-rooskie o la Estatua de la Libertad, pasando por reverses o quick-kicks. Le encantaban, siempre que podía las utilizaba y casi siempre tenían éxito. Parecía tener un don natural para elegir el momento de usarlas, y no es que pensase que podía engañar al equipo contrario, es que lo sabía“. Pero la de 1958 sería su última temporada en Douglas. William Smith, presidente de la universidad, le dijo que muy a su pesar tenían que cancelar el programa de football de la universidad debido a los altos costos que generaba y que no podía seguir sosteniendo. Le ofrecieron seguir siendo el director deportivo y entrenador del equipo de baseball (cargo que había adoptado tras su renuncia al equipo de baloncesto varios años antes). Evidentemente, Bowden respondió amablemente que no estaba interesado, su única meta ya era ser entrenador de football y aceptó la oferta como entrenador principal en su alma mater, Howard College, llevándose con él a una docena de “sus chicos”.
Bryant y Starr

Su regreso a Howard presentaba un paisaje desolador, llevaban seis temporadas perdedoras consecutivas, acumulando un miserable 11-38-3 en ese periodo. Pero fue en su vuelta a Birmingham donde Bowden comenzó a definirse como entrenador. Todos los jugadores que han jugado para él le describen como una persona excepcional, un entrenador que motivaba a sus hombres mediante la amistad y el apoyo, no con el miedo. Eso no significa que no fuese exigente y duro cuando las circunstancias lo hacían necesario. A su llegada a su nuevo equipo, Bowden organizó un campo de entrenamiento de 10 días, según sus propias palabras “para separar los verdaderos hombres de los que sólo quieren aparentar con un uniforme“. Desde el alba hasta el anochecer sólo existía una cosa, el football. Bobby Jackson, el que fuera coordinador ofensivo y entrenador de running backs de los St. Louis Rams, fue uno de los jugadores que estuvo en aquel campo. “Fue lo más parecido que pueda existir a un campamento militar. Extremadamente duro y competitivo. Una de las peores experiencias de mi vida. Nos sentíamos como si estuviésemos mascando cristales rotos todo el día. Luchábamos literalmente por nuestras vidas.“. Ni siquiera tuvo ningún miramiento hacia los jugadores que se había traído de South Georgia, no les dispensó ningún trato de favor y también tuvieron que someterse al campo de entrenamiento.
Según Bowden dicho entrenamiento estaba inspirado en lo que Paul “Bear” Bryant había hecho en Texas A&M años antes pues “si Bryant lo había hecho y había sido provechoso para él, también podría serlo para mí“. Bobby siempre ha reflejado su profunda admiración por el legendario entrenador de Alabama. “No era uno de sus chicos pero siempre se portó excepcionalmente conmigo. Estábamos cerca de Tuscaloosa, me dejaba asistir a sus entrenamientos y ojear a sus jugadores, así podía luego decirle en secreto los que me interesaban de los que no conseguían formar parte del equipo y él me ayudaba a transferirlos a Howard. Cada año conseguíamos dos o tres y nos ayudó mucho. Estaré eternamente agradecido“.
Pero como diría el propio Bowden ese tipo de entrenamiento es algo que no puedes hacer hoy en día, no hay opción, nadie lo permitiría. De 47 chicos que comenzaron el campamento, sólo volvieron 22, y aunque fuera duro, fue realmente provechoso“. Y tanto, el equipo de football de Howard pasó de ser un perdedor crónico a convertirse en una potencia entre las universidades pequeñas. En su primera temporada, en 1959, los Bulldogs consiguieron un balance de 9-1, y en los cuatro años que Bowden los dirigió acumularon un récord de 31-6, dejando en 13 ocasiones su marcador a cero, un dato nada desdeñable para alguien conocido “sólo” por ser un genio ofensivo.
Una tarde de de 1960, durante un entrenamiento de primavera, Bart Starr (QB estrella de los Green Bay Packers de la época) estaba en Birmingham. Según Bowden había crecido en Montgomery, le pregunté si querría pasar a visitarnos y me respondió que estaría encantado. Estuvo con nosotros varios días mientras enseñaba a los quarterbacks. Le encantaba entrenar a los jóvenes“. Para Starr fue una gran experiencia y un placer conocer por fin al entrenador Bowden. Me había contado cosas realmente buenas sobre él antes de que me llamara y me pidiera que compartiese con él algunas de las filosofías ofensivas de mi propio entrenador en Green Bay, Vince Lombardi. Estaba muy ilusionado“. Bowden siempre le ha dado a Starr todo el mérito sobre la ayuda que le prestó para entender y desarrollar el juego de pase, disciplina que aún estaba muy discriminada en el football universitario. Según Starr Bowden ya estaba en el camino de un gran éxito, ya se intuía. Era un entrenador muy creativo, estuviera donde estuviera lo haría bien. Y es una de las mejores personas, más educadas y con más clase que he conocido en mi vida“.
Los años en Howard fueron los mejores de su vida, siempre lo ha afirmado. Estaba en su hogar, tenía el trabajo que siempre había querido y además en su alma mater. Simplemente era feliz y de no ser por las circustancias posiblemente nunca lo hubiese abandonado a los cuatro años de su estancia allí. Pues en 1962 los Bowden ya tenían seis hijos y las necesidades, en todos los sentidos, eran mayores. Así que Bobby aceptó el ofrecimiento de un amigo de la infancia, Vince Gibson (entrenador de linebackers de Florida State), y de uno de sus ídolos de juventud en Alabama, Vaughn Mancha (entonces director deportivo de los Seminoles) , un trabajo donde su sueldo duplicaría al que tenía en Howard, como asistente de Bill Peterson en FSU. Sería su primera parada en Tallahassee.
Como su propia mujer diría años más tarde “por entonces Florida State no era nada en el football, pero al menos sí era más que Howard College. Era un paso adelante en su carrera“. Aunque Bowden siempre sintió que su trabajo era infravalorado en Tallahassee pues le contrataron como entrenador de receptores y nunca le consideraron para el puesto de coordinador ofensivo. Tres años más tarde sí consiguió tan deseado puesto, aunque no en Florida State.
West Virginia
Bowden fue contratado por el departamento deportivo de los Mountaineers en 1966 como coordinador ofensivo en una apuesta personal de Jim Carlen, entrenador principal de West Virginia, que quería a alguien capaz de darle un impulso al juego de pase de su equipo. El equipo fue mejorando año a año bajo la batuta de Carlen y la ayuda ofensiva inestimable de Bowden, hasta que en 1969 consiguieron una extraordinaria marca de 10-1 (perdiendo sólo por 20-0 ante Penn State), lo que hizo que Carlen aceptase una suculenta oferta de Texas Tech, dejando vacante su puesto de entrenador principal, no sin antes recomendar a la dirección deportiva que nombrase a Bobby como su sustituto. Así, Bowden fue head coach de los Mountaineers hasta 1975, acumulando un récord de 42-26. En sus seis años como entrenador principal en Morgantown hizo muchísimos amigos, pero también algún que otro enemigo. Y es que las cosas no fueron nada sencillas desde el principio.
Los primeros problemas se debían a la procedencia de Bobby Bowden. Era el arquetipo del sureño, blanco y profundamente religioso por lo que era mirado con recelo no sólo desde la propia dirección deportiva de la universidad sino entre los propios alumnos. Y es que a pesar de que la población de la universidad era eminentemente blanca, los principales jugadores de los equipos de los Mountaineers eran negros (de hecho Bowden no reclutó al primer jugador negro de su carrera hasta su llegada a West Virginia), y éstos no se fiaban de él. Garrett Ford, uno de los mejores jugadores negros que tenía Bowden en su primer año en Morgantown dijo “al principio todos éramos bastante recelosos. Nos llevaba a todos juntos a la iglesia pero manteníamos las distancias. Realmente no sabíamos cómo sería alguien de Alabama, lo único que conocíamos eran las marchas por los derechos civiles que salían en las noticias, con aquellos policías blancos a caballo y las luchas raciales. Así que sólo pensábamos en cómo creíamos que debería ser un blanco sureño“. Pero todo cambió cuando Bowden, recién estrenado su puesto como entrenador principal, empezó a invitar a sus jugadores a cenar en su casa con su familia, y no hacía distinciones entre ellos, todos eran tratados por igual. “Fue algo chocante, sorprendente. El hecho de cenar en su casa, sólo con su mujer y sus hijos, jugar con sus hijas en el jardín. Cambió totalmente el concepto que teníamos de él“. Ford afirma que ahí fue donde realmente se dieron cuenta de que Bowden se preocupaba por ellos no sólo como jugadores de football, sino también como personas.
Pero otras controversias era simplemente deportivas. Una de la mayores fue la que tuvo con Lou Holtz que entonces entrenaba al equipo de la universidad de William & Mary, el primer rival de los Mountaineers en 1970 y el primer equipo derrotado por Bowden como entrenador principal de West Virginia (por 49-13). Holtz, natural de West Virginia, con muchos familiares y amigos en las gradas se sintió humillado innecesariamente y acusó a Bowden de haber inflado el marcador sin necesidad (afirmación que sigue manteniendo hoy en día el veterano entrenador). “Por decirlo claro, hasta mantuvo jugando a Braxton hasta el último minuto” (Braxton fue All-American aquella temporada) dijo Holtz, a lo que el Mountaineer le respondió que no era cosa suya, que era deber de Holtz y su trabajo haber mantenido el resultado más ajustado. Bowden es uno de los pocos entrenadores que puede presumir de tener un balance positivo de victorias contra Holtz (4-2). Y esa misma temporada tuvo lugar otro desagradable incidente, esta vez contra los archirivales regionales de West Virginia, la universidad de Pittsburgh. En el partido contra Pitt, los Mountaineers llegaron al descanso con un cómodo 35-8 en el marcador, el partido parecía sentenciado. Pero en la segunda parte, West Virginia fue incapaz de completar un sólo primer down, y mucho menos parar a los Panthers. Acabaron perdiendo el partido por 36-35. Bowden sería idolatrado cuatro años después por los seguidores de los Mountaineers, pero durante aquellos días apenas pudo salir de su despacho sin el miedo a ser linchado por una muchedumbre enrabietada que amenazaba con tirar su puerta abajo. Fue, en palabras del propio Bowden, uno de los momentos más oscuros y duros de toda mi vida.
Durante las tres temporadas siguientes, West Virginia acumuló un balance de 21-13. Tuvo sus seguidores y sus detractores pero todo dentro de la normalidad, aunque esto no tardaría en cambiar. Al comienzo de la temporada de football de 1974, los Mountaineers parecían un equipo rebosante de talento, con mucha experiencia y profundidad en casi todas sus líneas, y con grandes posibilidades de éxito, pero desde el principio se demostró que aquella temporada sería muy larga. Perdieron el primer partido contra Richmond por 29-25, y las cosas no mejorarían a lo largo de una temporada repleta de lesiones importantes (incluyendo la de los dos quarterbacks principales), terminando con un decepcionante récord de 4-7. Si bien el partido contra Pitt cuatro temporadas antes había sido uno de los peores momentos de su vida deportiva, la de 1974 sería sin duda la peor temporada de su carrera. Durante toda el año había sido criticado, tanto por los medios de comunicación como por los fans. En todos los partidos de casa e incluso en las ventanas de las residencias de estudiantes se podían ver pancartas escritas con un “Bye Bye Bobby” o un “Leave Town Bowden“. “Fue un año horrible. Nada nos salió bien desde el principio y quienes más sufrieron fueron mi familia. Para mí era normal, era mi trabajo pero ellos no tenían ninguna culpa y sufrían el mismo tipo de desprecios simplemente yendo a la compra o en el colegio. Es muy duro ver que sufren por tu culpa“. Hasta la hija mayor de Bowden, Robyn, una graduada por West Virginia, afirma que “aquello cambió para siempre mis sentimientos por mi alma mater. Siempre seré una Mountaineer pero nunca podré perdonarles lo que nos hicieron pasar”. Pero no fue el único miembro de la familia Bowden que sufrió en el campus de Morgantown, pues un joven y talentoso receptor sophomore llamadoTommy Bowden también pasó su particular calvario rodeado de una atmósfera hostil, y eso que apenas jugó aquella temporada (algo de lo que Ann siempre ha señalado como culpable a su esposo que, para que nadie pensase que le trataba preferentemente, acabó siendo injusto con sus capacidades deportivas).
Mucha gente quiso despedirme aquel año, pero mantuve el puesto porque ni el director deportivo ni el presidente de la universidad estaban entre ellos“. Así llegó la temporada de 1975. Los Mountaineers habían perdido muchos jugadores importantes (algunos de ellos para la NFL), por lo que West Virginia se presentaba con un equipo muy joven e inexperto. Entre ellos se encontraban Tommy en su temporada junior y su hermano Terry, como quarterback freshman. Llegado el partido contra Pitt en Morgantown, los Mountaineers tenían un balance de 6-2 y mantenían pocas esperanzas de poder vengar la derrota de la temporada anterior por 31-14. Los Panthers estaban liderados por el entrenador Johnny Majors y el futuro ganador del Heisman Trophy Tony Dorsett. Sorprendentemente el partido llegaba empatado a los minutos finales. Dan Kendra (quarterback senior de West Virginia) dirigió un prodigioso drive final que dejó a los Mountaineers en la yarda 20 de Pitt a falta de 14 segundos. Bill McKenzie sería el encargado de tratar de transformar el field goal ganador. “No podía mirar, así que fijé mi vista en Majors. Cuando agachó la cabeza supe que iba bien” confesó Kendra. Los fans invadieron el terreno de juego y en las calles de Morgantown estalló la locura. Los testigos presenciales afirman que nunca jamás ha vuelto a verse algo parecido en la ciudad. Con aquella victoria, entre otras muchas cosas, Bowden se ganó el puesto que sigue manteniendo hasta hoy día. Pero la temporada aún no había terminado y en el último partido Bobby volvió a jugársela a Holtz (que por entonces entrenaba a la universidad de North Carolina State que les había humillado en la Peach Bowl del año anterior por 49-13), venciéndole de nuevo en la Peach Bowl de aquel año por 13-10. Holtz estaba incrédulo, absolutamente sorprendido, pero no tanto como lo estarían los seguidores de los Mountaineers unas semanas después. Estaban a punto de perder a su entrenador.


En 1975, el equipo de football de Florida State había terminado la temporada con un paupérrimo balance de 3-8. Esto hizo evidente para la dirección deportiva de la universidad que era necesario un nuevo cambio de entrenador, que sería el tercero en 5 años. Ya habían visto suficiente de Darrell Mudra para saber que no era lo que estaban buscando. Mudra, contratado un año antes en sustitución de Larry Jones (cesado después de que FSU consiguiera en 1973 un récord de 0-11), llegaba a Tallahassee con la reputación de ser un entrenador capaz de revivir y dar la vuelta a programas perdedores como había hecho con North Dakota State en 1965 (donde les llevó a una temporada de 11-0 y un campeonato nacional de small colleges sólo tres años después de haber tenido una temporada de 0-11) además de éxitos similares que obtuvo también en Adams State y Western Illinois.

Pero tras dos temporadas en FSU donde acumuló un balance de 4-18, se le buscó un sustituto, pero no fueron las derrotas las que propiciaron su destitución, fueron las formas. Mudra, que provenía del medio-oeste, se descubrió como un entrenador distante que dirigía sus partidos desde las cabinas de prensa, muy permisivo y poco disciplinado con sus jugadores de los cuales esperaba que consiguiesen las cosas por sí mismos como afirma Billy McPhillips, un línea defensivo que estuvo bajo su mando. A fin de cuentas, un tipo de entrenador muy distante del típico coach sureño al que estaban acostumbrados.
Así comenzó la búsqueda de un nuevo entrenador para los Seminoles. El deseo popular era la vuelta de Bill Peterson, el entrenador de los años 60 que mayor éxito había obtenido hasta entonces en Tallahassee, quien en 1971 había dejado FSU para hacerse cargo de los Houston Oilers de la NFL. Pero el periplo de Peterson entre los profesionales había durado apenas dos temporadas (donde había acumulado un balance de 1-18), y ahora había vuelto a Tallahassee mientras seguía cobrando una jugosa “jubilación” de los Oilers. Otros grandes nombres fueron considerados como Lou Holtz (entonces entrenador de North Carolina State), Steve Sloan (Texas Tech), Johnny Majors (Pittsburgh), Jerry Clairbone (Maryland) o Frank Broyles (Arkansas), alguno de los cuales llegaron a ser contactados por algunos miembros de la universidad. Pero el director deportivo de Florida State, John Bridges, sabía exactamente el hombre que quería para el puesto, y éste respondía al nombre de Bobby Bowden.
Bridges y Bowden se habían conocido por primera vez un año antes en un torneo de golf, y como el propio Bridges dijo “quedé totalmente impresionado con él como deportista y como persona”. Siempre ha afirmado que Bowden fue siempre su primera opción y que sólo necesitaba convencerlo de dejar su actual puesto para irse con ellos a Tallahassee. Para ello, a comienzos de 1976, Bridges se llevó consigo al presidente de la universidad de Florida State (Stanley Marshall) para entrevistarse con Bowden, el cual se encontraba en Tampa como entrenador asistente del equipo Norte en el All-Star universitario de la American Bowl. Bowden había llegado a Tampa un domingo, Mudra fue cesado el lunes y Bridges y Marshall volaron a Tampa ese mismo martes. El encuentro tuvo lugar en un hotel cercano al aeropuerto. “Hablamos durante unas dos horas. Ellos me dijeron lo que querían hacer, que creían que era la persona idónea para el puesto y que les encantaría que les hiciera una visita en Tallahassee en el camino de vuelta a West Virginia”. En 1971, cuando Peterson abandonó FSU, Bowden fue considerado como candidato al puesto pero no lo consiguió, ahora se lo estaban ofreciendo directamente.
Pero para Bowden no resultaba un decisión sencilla ya que en aquellos tiempos se encontraba en sus mejores momentos en Morgantown y como él mismo dice “cuando Bridges se me acercó en Tampa para hablarme de la posibilidad de ser el entrenador principal de Florida State sólo se me ocurrían dos trabajos peores en ese momento: ser elegido como el nuevo alcalde de Atlanta después de que Sherman dejase la ciudad, y ser el general que voluntariamente sustituyó a George Custer durante el asedio a Little Big Horn. Así de mal estaban las cosas entonces por allí”. Pero Bowden tenía una espina clavada, lo consultó con su esposa Ann y entre ambos decidieron darles una oportunidad visitando la universidad en Tallahassee ya que “no habíamos estado por allí en más de 10 años, por lo que queríamos ver de primera mano qué pinta tenía”.
Los Bowden llegaron a Tallahassee el domingo siguiente. Fueron recibidos por Marshall, Bridges y otros 8 directivos de la universidad. La visita fue plácida y agradable, “ellos me hacían preguntas y yo a su vez les preguntaba a ellos”. Bowden se interesó por el salario que tendría (cobraría $37.500, un 50% más de lo que lo ganaba en West Virginia), cual era el objetivo deportivo de la universidad y si había posibilidades de mejora en las instalaciones. En el vuelo de regreso, Bobby y Ann tomaron la decisión de que aceptaría el trabajo. Existe una leyenda que afirma que Bowden tomó la decisión tras caerse y darse un duro golpe en la cabeza después de resbalarse en una capa de hielo. Como hemos visto esto no es del todo cierto, pero el incidente del hielo sí que lo es. Y es que según parece, a la vuelta de los Bowden a Morgantown se encontraron una ciudad totalmente cubierta de nieve debido a una fuerte tormenta. En el camino a su casa (que estaba en lo alto de una colina) tuvieron que hacerlo a pie pues el coche era incapaz de subirla debido a que el asfalto estaba congelado y patinaba. Así que en medio del camino, Bowden resbaló en la carretera helada, golpeándose la cabeza contra el suelo y resbalando colina abajo. Ahí es donde el propio Bowden ha afirmado en alguna ocasión que le dijo a su esposa “Ann, nos vamos a Florida State”.
La vuelta a Morgantown fue muy fría y no sólo en lo climatológico. La mañana siguiente a su regreso, Bowden se reunió con el director deportivo de los Mountaineers, Leland Byrd, para informarle de su marcha. Byrd intentó convencerle de que se continuara diciéndole que iban a construir un estadio nuevo (cosa que ciertamente hicieron al año siguiente) y ofreciéndole un aumento de sueldo, pero Bobby ya había tomado una decisión. El cambio fue posible ya que Bowden no tenía ningún tipo de vinculación contractual con la universidad de West Virginia para el año siguiente, ya que la legislación del estado prohibía en aquellos tiempos que los empleados de la universidad estatal tuvieran contratos de mayor duración a un año. Pero la decisión fue especialmente dura para la familia pues dos de los hijos (Tommy y Terry) se quedarían en West Virginia para acabar sus estudios. A la mañana siguiente, Florida State enviaría un avión privado a Morgantown para recoger a Bowden y traerle de vuelta a Tallahassee para su presentación oficial.
Reconstrucción
Cuando Bowden llegó a Florida State, el programa andaba completamente desorientado, sin rumbo. Bobby a menudo cuenta una graciosa anécdota que dice que “cuando jugaba en Alabama como freshman se oía a todo el mundo el famoso grito de guerra de ‘Beat Auburn’. En West Virginia los fan iban al estadio con ‘Beat Pitt’ escrito en ellas. En Florida State esas mismas pancartas decían ‘Beat Anybody’”. Y eso es lo que Bowden quería que cambiase. Sus primeras dos prioridades a su llegada a FSU eran el recruting y cambiar la mentalidad no sólo de sus jugadores, sino también de los propios fans de los Seminoles. Para unificarles adoptó como “grito de batalla” el ‘Beat the Gators‘ (a pesar de que por entonces FSU sólo había ganado en dos ocasiones a Florida en sus 19 enfrentamientos a lo largo de su historia), y ya en su primera rueda de prensa anunció que el objetivo de la temporada era ganar ese partido contra los de Gainesville.
Y es que Bowden quiso dejar desde pronto cómo iban a ser cosas por allí con él al mando. En su primera reunión con el equipo, y como queda recogido en su libro ’Bound for Glory’, les dijo “soy el nuevo head coach. En los últimos tres años, ustedes, el equipo de football de Florida State sólo ha conseguido ganar sólo 4 partidos a la vez que perdían 29. Ya han intentado hacerlo a su manera, ahora ha llegado el momento de hacerlo a la mía. Si no les gusta pueden coger la puerta, su beca e irse a cualquier otro sitio porque, si ganar no es importante para ustedes, entonces no les necesitamos. Desde este momento va a ser un honor llevar esta camiseta granate y representar a la universidad de Florida State. Estoy aquí para ayudar a este programa. Estoy aquí para construir este programa. Podemos cambiarlo, pero caballeros, vamos a necesitar un gran esfuerzo de todos y cada uno de nosotros. Tendrán que trabajar más duro de lo que nunca lo hayan hecho con anterioridad. Vamos a tener que sacrificarnos, abandonando objetivos individuales para alcanzar un objetivo mayor para el colectivo. Pero podremos lograrlo. Vamos a volver a ganar en Florida State, y caballeros, ése será nuestro objetivo. Hay que desarrollar una actitud ganadora y para eso necesitamos disciplina, porque la disciplina gana partidos de football. Y eso significa que tendrán que hacer un compromiso personal para acatar y respetar ciertas reglas. No habrá muchas más reglas en cuanto al entrenamiento, simplemente sean sensatos. Coman y duerman correctamente, sean puntuales en las reuniones, e intenten mejorar día a día. Si tienen un mal día, no pierdan su confianza, simplemente vuelvan a intentarlo al día siguiente. Como equipo, podemos ganar y si se esfuerzan cada día un poco más, en cada partido un poco más lo lograremos. Caballeros, tenemos un duro camino por delante y tenemos que estar preparados tanto físicamente como mentalmente para superarlo. Pero si lo hacemos de la manera correcta, con el paso del tiempo, las victorias llegarán por sí solas”.
También se reunió con su staff técnico, y como recuerda Jim Gladden, asistente entonces en FSU, les quiso dejar claro quién estaba al mando: “ustedes han cometido errores en el pasado en el recruting. No voy a despedirles por ello, es humano, pero hay otros errores que sí que no voy a pasar por alto. Ustedes saben cual es su trabajo y saben cómo hacerlo. No voy a decirles cómo hacerlo porque para eso les he contratado, y no voy a hacerlo por ustedes. No voy a estar detrás suya y decirles qué tienen que hacer. Si no pueden hacerlo o tienen algún problema con ello, vengan a verme porque si veo que no hacen su trabajo seré yo el que vaya a verles a ustedes”.
El recruiting era un tema aparte. Cuando Bowden llegó a Florida State ya andaba detrás de los mejores jugadores de Florida, pero la mayoría de ellos tenían a los Seminoles muy abajo en sus listas de preferencias. Sin embargo, aquella primera clase de 1976 (que incluía jugadores como el QB Jimmy Jordan, los receptores Jackie Flowers y Kart Uglaub, el FB Mark Lyles o el kicker Dave Cappelen) sería la pieza angular de un equipo que conseguiría un balance perfecto de 11-0 y una invitación para la Orange Bowl cuatro años después. Pero la temporada no empezó como esperaban. Cayeron derrotados en la primera jornada antes Memphis State por 21-12, y la cosa fue aún peor la semana siguiente cuando jugaron en Miami. Bowden pensaba que realmente podía ganar ese partido. “Por entonces Miami era realmente tan malos como nosotros. – los Hurricanes sólo habían ganado 2 partidos la temporada anterior. - Estaba convencido de que ganaríamos… y simplemente nos machacaron”. Aquella derrota por 47-0 en la Orange Bowl es considerada por el propio Bobby como un punto de inflexión, como el primer momento en el que aquel equipo comenzó a cimentar su cambio de mentalidad ya que la siguiente jornada debían jugar contra Oklahoma, entonces el mejor equipo del país y número 1 en todas las polls, de forma que decidió que, de seguir así, la temporada acabaría perdida, y quiso que sus jugadores ganaran experiencia para el futuro. Así, Bowden hizo debutar contra los Sooners a 7 freshmen, y consiguió que su equipo diera la cara, llegando a ir por delante en el marcador avanzado el segundo cuarto (9-3), y acabaron perdiendo dignamente por 24-9. Esa decisión le daría a Bowden (como él mismo afirma) pingües beneficios, antes incluso de lo que él esperaba. “Fue como una especie de victoria moral, como si ahí empezasen a darse cuenta que realmente podían ganar, a desarrollar esa mentalidad ganadora”. Florida State ganaría sus dos siguientes partidos ante Kansas State y Boston College antes de perder en casa contra los rivales de Florida (33-26). Aunque era la décima derrota consecutiva de FSU ante los Gators, el partido estuvo muy reñido y (como el que jugaron ante Oklahoma) les mostró a sus jugadores que podían ganar a cualquiera.
Pero llegado el décimo partido de la temporada contra North Texas State, los Seminoles llegaban con un desesperandazor balance de 3-6 aunque venía de ganar a Southern Miss después de remontar en el último cuarto 17 puntos de desventaja, para acabar venciendo por 30-27. Pero el partido en Denton no sería uno más. El campo amaneció completamente nevado el sábado del partido debido a una sorprendente y copiosa nevada que había caído la noche anterior. Una capa de unos 15 centímetros de nieve cubría todo el campo. “Se pensó en cancelar el partido pero ya que estábamos allí lo mejor era jugar. Además, probablemente el 80% de mis jugadores nunca habían visto ni pisado la nieve por lo que seguro que sería una gran experiencia para ellos. Simplemente les dije que salieran al campo y se divirtieran”. FSU ganaría aquel partido por 21-20, resultado que repetirían una semana más tarde en el partido final de la temporada contra una potente Virginia Tech, finalizando la temporada con un ambiguo balance de 5-6. Era la primera racha de tres victorias consecutivas para Florida State desde 1972.
La temporada siguiente empezó como había terminado la anterior, perdiendo sólo un partido de los ocho primeros de la temporada de 1977 (24-17 ante Miami), asentando un equipo que gracias a las victorias sobre Auburn y Virginia Tech conseguiría volver a aparecer en los rankings nacionales, entrando en el Top-20 de la AP poll (por entonces sólo se ranqueaban a los 20 mejores equipos) por primera vez desde 1972. Además, el mejorado recruiting de los Seminoles de aquel año incluía, entre otros destacados jugadores, al futuro primer All-American de Florida State desde Ron Sellers en 1967, Ron Simmons. Pero lo más recordado de aquella temporada estaba aún por llegar. En el partido final de la temporada unos Seminoles en alza (8-2) llegaban a Gainesville para enfrentarse a unos Gators (6-3-1) en caída libre ya que habían llegado a estar ranqueados en el puesto noveno aquella temporada pero que habían tenido un mediocre final de campaña. “Nadie en su sano juicio pensaba que tendríamos alguna oportunidad de vencer en Gainesville”. Pero FSU no es que ganase aquel partido, es que vapulearon a unos sorprendidos Gators (37-9) que no daban crédito a lo que habían visto aquel día en el terreno de juego, lo que terminaba con la victoriosa racha de Florida sobre Florida State, y que resultó la primera de cuatro victorias consecutivas de los Seminoles en la rivalidad. La extraordinaria temporada de 10-2 de 1977 fue coronada con una gran victoria por 40-17 sobre Texas Tech en la Tangerine Bowl de Orlando (más tarde conocida como Florida Citrus Bowl). Era la primera presencia en una bowl de Florida State desde que en 1971, el equipo entonces dirigido por Larry Jones, perdió la primera edición de la Fiesta Bowl ante Arizona State. Después del partido todo el mundo estaba exultante. La temporada había sido una gran sorpresa y habían superado ampliamente las expectativas, teniendo en cuenta los medios con que contaban y la situación de la que había partido sólo dos años antes. Hasta el propio Bowden dudaba de que pudieran superar la temporada que acababan de realizar. Pero estaba muy equivocado.
Potencia Nacional
A partir de entonces los Seminoles se encontraban ya en el camino correcto y no pararían de crecer en el panorama footballístico universitario, tanto deportivamente como institucionalmente. La siguiente temporada, en 1978, FSU consiguió ganar por primera vez a Miami bajo el mandato de Bowden además de vencer de nuevo a Florida en el último partido de la temporada, acabando el año con un balance de 8-3, llegando así a la temporada de 1979, que pasaría a la historia como una de las mejores de la universidad pero también uno de los momentos más complicados de Bowden en Tallahassee.
Todo comenzó después de la victoria inicial sobre Southern Mississippi. Tras el partido, Bowden comenzó a recibir regularmente llamadas del director deportivo de LSU (Paul Dietzel) para interesarse sobre la posibilidad de ir a Baton Rouge ya que los Tigers habían decidido que no continuarían con su actual entrenador, Charlie McClendon. La única persona al corriente de dichas llamadas era su mujer Ann. A pesar del éxito que había conseguido en Tallahassee, Bobby aún no estaba seguro de su futuro en Florida State. El año anterior no habían conseguido jugar ninguna bowl y LSU le ofrecía todo lo que un entrenador de college football pudiera soñar: un programa potente e histórico, medios casi ilimitados, excelentes instalaciones y competir en la mejor, más prestigiosa y más dura conferencia del football universitario, la SEC. Bowden no sabía qué hacer. En la séptima semana de competición los Bowden viajaron finalmente a Baton Rouge pero no para una entrevista de trabajo sino porque el calendario había deparado que los Seminoles se enfrentasen a LSU aquella misma temporada. Como el propio Bowden afirma “si hubiésemos perdido aquel partido seguramente habría aceptado el trabajo”, pero FSU dominó completamente a sus adversarios y ganó por 24-19. En el vuelo de vuelta a Tallahassee, Bobby y Ann, tomaron la decisión de seguir en Florida State. Bowden llamó a Dietzel al día siguiente para agradecerle el interés pero rechazando el ofrecimiento. “Después del partido en Baton Rouge llegué a la conclusión de que tenía más oportunidades de mantener mi puesto y tener éxito en FSU. No fue una cuestión de dinero, de hecho ellos me iban a pagar mucho más de lo que ganaba en Tallahassee, pero teníamos un excelente grupo de jugadores y mi familia estaba encantada allí. No fue una decisión difícil después de todo”. Florida State conseguiría con la victoria sobre Florida en el habitual último partido de la temporada terminar aquella temporada con un balance inmaculado de 11-0, consiguiendo una invitación para la Orange Bowl de aquel año. En Miami les esperaban unos favoritos Sooners de Barry Switzer. Oklahoma era el mejor equipo del país y lo demostraron ganando a los Seminoles por 24-7, asegurándose así el campeonato nacional. FSU terminaría la temporada en el puesto 6 en las polls, el mejor resultado en toda la historia de la universidad. Era la primera vez que Florida State jugaba una bowl importante y era candidata a proclamarse campeones nacionales (aunque sus posibilidades reales eran muy remotas), pero a partir de entonces se convertiría en un invitado habitual en estas lides.
La década de los 80 comenzaría con los Seminoles repitiendo en la Orange Bowl, y además de nuevo contra Oklahoma, aunque volverían a perder contra los Sooners (17-18), terminando quintos en las polls aquella temporada. Sería una época convulsa para los de Tallahassee ya que es cierto que existieron grandes momentos destacados con victorias importantes sobre equipos muy potentes, presencias permanentes en bowls y pasar a ser considerados ya como una potencia del football universitario y no un outsider fruto de una buena temporada. Pero también tuvieron momentos más amargos, como la racha de 6 derrotas consecutivas contra los Gators o las tres ocasiones en que fueron vencidos agónicamente por Miami, hundiendo definitivamente sus posibilidades para el campeonato nacional. Y es que es durante estos años donde la rivalidad contra los Hurricanes creció hasta el panorama nacional, convirtiéndose en uno de los partidos más atractivos y esperados del año, y que a menudo tenía implicaciones para ambos equipos para el título. Y es que fue durante esos años cuando se percibió el crecimiento del football universitario en el estado de Florida hasta los niveles que conocemos hoy en día, convirtiéndose en una de las principales potencias del país. Es lo que Charley Pell (entonces entrenador de los Gators) llamó “el despertar de los gigantes dormidos de Florida”. Todo esto llevó a lo que se conoce como la “Recruiting War”, donde los tres grandes equipos de Florida se enzarzaban año tras año por conseguir captar los mejores jugadores de instituto del estado, luchando unos contra otros por conseguirlos. Como dice Bowdena veces teníamos un chico con el que llevábamos trabajando todo el año. Se había comprometido con nosotros pero llegado el signing day, cambiaba de idea y se iba con ellos. Otras veces ocurría al revés, y era otro chico el que decía venirse con nosotros. Se convirtió en algo bastante habitual”. Y es algo que aún hoy sigue ocurriendo. Pero entonces el equipo de Florida fue sancionado en 1984 después de una investigación de la NCAA de casi dos años por irregularidades en el recruiting. Pell fue cesado y los Gators fueron penalizados con la pérdida de numerosas becas durante tres años además de no poder jugar bowls ni tener partidos televisados durante ese tiempo. Un duro golpe del que tardarían casi una década en recuperarse totalmente, dejando el camino libre a Seminoles y Hurricanes para la lucha por la supremacía en el estado. Fue entonces cuando FSU se convirtió en una potencia en términos de reclutamiento, capaz de conseguir a jugadores como Deion Sanders, Sammie Smith, Dedrick Dodge, Eric Hayes, Peter Boulware, LeRoy Butler, Warrick Dunn, Terrell Buckley, Walter Jones, Corey Simon o Derrick Brooks, todos ellos futuros jugadores profesionales.
También fue en 1986 cuando Bowden tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: decirle que no a su preciada universidad de Alabama. Y es que durante esos años Bobby fue contactado por numerosos y prestigiosos equipos para ser su nuevo head coach como Notre Dame, USC o los New Orleans Saints de la NFL. Pero Bowden no estaba interesado en ningún proceso de selección, en Tallahassee tenía un proyecto, un programa que él había construido y nunca más en su vida volvería a considerar ninguna otra oferta por suculenta que fuese. Bowden había decidido que aquél era su equipo, su universidad y su casa, y mientras quisiesen seguir teniéndole por allí, él no lo abandonaría.
Campeones Nacionales
Llegados los 90’s, era indiscutible que Florida State formaba ya parte de la élite del college football pero les seguía faltando eso que distingue a los grandes equipos de los verdaderamente dominantes, los títulos. Cuando Bowden estuve considerando el puesto como entrenador de LSU años atrás, una de las principales razones para que lo hiciera eran las dudas que tenía de que llegasen a ser una potencia en FSU mientras que los Tigers ya estaban considerados como tal.
Durante toda ese década, los Seminoles sólo estuvieron 5 semanas del Top-10 en las polls, ganado casi el 90% de sus partidos (109-13), y consiguiendo por fin, no uno, sino dos campeonatos nacionales. Bowden tenía 64 años cuando ganaron el primer campeonato nacional en 1993, y 70 en el segundo (1999), pero seguía trabajando exactamente igual que lo hacía en los comienzos de su carrera como entrenador hace más de 30 años. Era meticuloso en cada entrenamiento, reunión o partido, tomaba notas de todo, prestando atención a cualquier mínimo detalle técnico o estratégico. Luego compartía sus anotaciones con sus asistentes para estudiarlas y ser capaces de mejorar o perfeccionar una determinada jugada, una determinada formación o lo que estuviesen debatiendo. Por ello Bowden siempre ha querido conceder gran mérito y parte de su éxito a su staff técnico, y es que como afirma Jim Gladden (asistente de Bowden durante 25 años), “Bobby coloca a sus ayudantes en un ambiente donde poder destacar, mejorar y tener éxito. Nunca tenía una mala palabra contigo delante de los jugadores o el resto del staff técnico. Si tenía algún problema con alguien, lo llamaba a su despacho y lo hablaba allí con él. Te diría qué es lo que no le gusta, porqué y lo que él quiere que hagas. Entonces te ponías a trabajar en ello. El trato era exquisito”.
En 1992 los Seminoles se unieron a la Atlantic Coast Conference y casi al mismo tiempo la dirección deportiva de Florida State le ofreció a Bowden un contrato vitalicio con la universidad. “Queríamos tenerle con nosotros hasta el día en que decidiese no entrenar más, y su contrato reflejaba eso” confirma Bob Goin, entonces director deportivo de FSU. Y es que, pese a que Bowden no tenía puesta ninguna fecha a su retirada, “me gustaría seguir mientras pueda hacerlo, o al menos mientras la salud me acompañe”, muchos eran los que pensaban que Bowden se retiraría en cuanto ganase un título nacional.
Fueron los tiempos de los apasionantes partidos contra Miami o la Florida de Steve Spurrier, como el de 1991, con FSU como número 1 y los Hurricanes de Gino Torretta como número 2. El “Partido del Siglo” como muchos lo consideraron, pero siempre será recordado por dos palabras: Wide Right. Con 17-16 a favor de Miami y apenas tres minutos por jugar los Seminoles necesitaban anotar para mantener sus esperanzas para el título. Un buen drive final les dejó en la yarda 17 de Miami. Entonces, llegó la debacle. El kicker de los Seminoles, Gerry Thomas, falló el field goal ganador y era Miami la que accedía a la disputa del título. Esto terminaba con una racha de 16 victorias consecutivas de FSU. Pero para aumentar el drama, repetirían al año siguiente en idéntica situación. Miami con ventaja en el marcador por 19-16, un nuevo field goal de Florida State en el último suspiro del partido… y de nuevo fallado: Wide Right II. Otra posibilidad de campeonato nacional desperdiciada. “Por entonces llegamos a pensar que nunca lo ganaríamos, que estábamos embrujados”. Pero sin saberlo, Bowden, ya tenía su equipo campeón.
El equipo de 1993 estaba construido alrededor de Charlie Ward, un atípico quarterback que manejaba el equipo como si de un base de baloncesto se tratase (no en vano Ward también era un estrella del baloncesto universitario). Bowden desarrolló un ataque rápido y vertical que se adaptaba a las mil maravillas a sus características. Los Seminoles comenzaron la temporada ranqueados como número 1 y nuevamente como uno de los favoritos al título. Los Seminoles sólo abandonaron ese puesto durante una semana tras la derrota ante Notre Dame, gracias a que los Fighting Irish serían derrotados la semana siguiente sorprendentemente por Boston College. FSU y Oklahoma se disputarían el título nacional en la Orange Bowl, que terminaría con una victoria agónica de Florida State por 18-16 con un field goal fallado en el último segundo por los Sooners (Wide Left, la suerte les sonreía por una vez en este caso), y liderados por un Charlie Ward que sería galardonado ese año con el Heisman Trophy (el primero en la historia para un Seminole).
Pero pese a lo que muchos pensaban, el legendario entrenador Bowden no tenía ninguna intención de retirarse. Seguía sintiendo la misma pasión por el juego que cuando empezó a entrenar en 1953 en la remota universidad de Howard. Ganaría su segundo título nacional en 1999 derrotando en la Sugar Bowl a una Virginia Tech liderada por Michael Vick, reuniendo el que está considerado como uno de los mejores equipos de la historia del football universitario, y comandados por Chris Weinke (el quaterback que volvería ganar al año siguiente el segundo Heisman Trophy para Florida State), y siendo el único equipo de la historia capaz de empezar la temporada como número 1 en las polls y terminar como campeón nacional sin haber bajado de ese puesto ninguna semana en toda la temporada. Deportivamente, fue sin duda la mejor temporada en los 43 años de carrera como entrenador de Bobby Bowden.
También ganaría aquella temporada su partido número 300 en la Division I-A, una victoria que por una noche dividía a la familia Bowden. El 23 de Octubre de 1999, FSU jugaba en Clemson (Carolina del Sur) un partido muy especial. Por un lado se encontraban los Seminoles de Bobby Bowden y su hijo Jeff (entonces entrenador de receptores), y por el otro unos Tigers entrenador por otro hijo de Bobby (Tommy) y que contaba como entrenador de la secundaria a Jack Hines (marido de la hija mayor de los Bowden, Robyn). En las gradas, la esposa de Bobby (Ann) vestía con los colores de ambos equipos. Como la hija menor Ginger afirma “Florida State era un equipo muy superior, sólo esperábamos que al menos nos le dieran una paliza y humillaran al equipo de Tommy”. FSU ganó aquella noche por un ajustado 17-14, y desde entonces, la cita anual entre Clemson y Florida State (ambas pertenecen a la misma división conferencial) se ha convertido en un evento atractivo y atípico, la “Bowden Bowl” como se le conoce popularmente, especialmente para la familia Bowden, que una vez al año sienten su corazón dividido.
Pero no todo había sido perfecto aquel año. En la pretemporada, dos de sus jugadores, los receptores Peter Warrick (una de las estrellas de los Seminoles y entonces candidato al Heisman) y Leveranues Coles fueron arrestados y acusados de robo después de comprar una serie de artículos en unos grandes almacenes valorados en $421.38 por tan sólo $21.40, compinchados con uno de los empleados. Para Coles era la tercera ocasión que se metía en problemas por lo que Bowden le expulsó del equipo, para Warrick sólo era la primera pero fue suspendido indefinidamente hasta que, tras la vista, fue condenado a servicios comunitarios y a dos partidos de suspensión. El incidente, y posterior publicidad en los medios de comunicación, no sólo le costó a Warrick la posibilidad de ganar el Heisman sino que aumentó la controversia sobre la política disciplinaria de Bowden en los últimos años, la cual (para algunos) se había vuelto más permisiva con el tiempo. Tampoco ayudaría que otro Seminole, Ty Cody, fuera arrestado unas semanas después, y suspendido por un partido, por posesión de marihuana. Warrick intentaría redimirse en la Sugar Bowl contra Virginia Tech (el partido por el campeonato nacional), donde fue elegido MVP del partido con 160 yardas de recepción y 3 TD.
Sin embargo, para Bowden, a pesar de todos estos problemas deportivos, su segundo campeonato nacional fue quizás más dulce que el de 1993. “Cuando ganamos el segundo anillo de campeones, no fue como cuando perdidos con Notre Dame y jugamos el partido por el campeonato sólo por un puñado de votos. Esta vez nos ganamos ese derecho merecidamente, sin discusión. No sé, sentía que éste era más meritorio, mayor proeza que el otro”. Según Weinkeel entrenador no se lo dijo a nadie, pero todos estábamos convencidos de que lo que más quería era acabar imbatidos para que nadie nunca más pudiera reprocharle nada. De todas las cosas que podía conseguir como entrenador de football sólo le faltaba eso, una temporada inmaculada. Así que todos, como equipo, nos comprometimos para dar el máximo, ganar el campeonato nacional y darle al entrenador Bowden su temporada perfecta. Y nunca he visto al entrenador Bobby tan feliz en su vida. No es que no sea feliz siempre, pero cuando estaba allí, recogiendo el Sears Trophy, sus ojos desprendían el brillo y la felicidad de un niño”.
Entrenador y Persona
Una de las claves del éxito de Bowden es su relación con sus jugadores, el trato y el respeto que impartía con ellos era excepcional. Como uno de sus jugadores en West Virginia dijo “era un entrenador duro, pero sobre todo era justo“. La lealtad que inspira en sus jugadores es extraordinaria. Hay una anécdota de sus tiempos en Howard que dice que un día desaparecieron grandes cantidades de material deportivo del equipo de football. Bowden informó a sus jugadores que si los ladrones devolvían todo lo robado al día siguiente no serían castigados, pero no devolvieron nada. Bowden volvió a hacer un ofrecimiento esta vez un poco más duro, pero al día siguiente seguían sin aparecer. Hasta que al tercer día les dijo que si no aparecía todo el material la mañana siguiente en la puerta de su despacho, no volvería a entrenarles. Al día siguiente una montaña de material deportivo se apilaba en la puerta de su despacho, mucho más de lo que había sido robado varios días antes. Sus jugadores había “peinado” las taquillas, la universidad y hasta sus propias casas para poder llevar algo. Tal era su influjo.
Y es que también actuaba como figura paternal con todos aquellos que lo necesitaban. “Nos encantaba jugar para el entrenador Bowden. Era como un padre para nosotros” decía Bobby Jackson, “nos mantenía alejados de los problemas y nos ayudaba cuando le necesitábamos. Era un gran mentor“. En una ocasión, en Howard, Jackson fue expulsado por hacer un examen por otro compañero que iba a suspenderlo, “era una unversidad realemente pequeña, así que el profesor no tardó mucho en darse cuenta de lo ocurrido“. Bowden intercedió por el chico y consiguó que le permitiesen trabajar en el departamento deportivo de la universidad y dar algunas clases para poder pagarse los estudios. En otra ocasión unos chicos fueron expulsados de la residencia de estudiantes después de encontrarles bebiendo cerveza en sus habitaciones (la universidad era profundamente religiosa y no les estaba permitido), y Bowden les ayudó a encontrar alojamiento. En ambos casos el entrenador también les castigó por sus faltas, pero les apoyó y les perdonó, haciendo que en un futuro cambiasen de comportamiento. “El entrenador Bowden provocó un gran impacto entre nosotros, no sólo personalmente, sino también espiritualmente. Todos quérimos vivir y ser como él, y todos trabajábamos duro para él porque no encantaba estar en su compañía y nos trataba justamente. A muchos nos sacó de las calles, no teníamos talento pero sí dureza y ambición. Simplemente queríamos ganar para él“.
Un caso excepcional es el de su relación con Warrick Dunn. Éste había crecido en Baton Rouge (Louisiana), y su madre, policía, había muerto en acto de servicio durante un robo cuando aún iba al instituto. Dunn eran un destacado prospect de high school pero debido a su situación consideró abandonar sus estudios para cuidar de sus hermanos pequeños. Pero Bowden, conociendo su situación personal, le hizo una visita en su casa y le dio su palabra a su abuela de que él personalmente cuidaría de él si le permitía irse con él a Florida State. Dunn se comprometió con FSU en 1993 y Bowden mantuvo su palabra, atendiéndole y dándole todo lo que necesitaba en su vida diaria para superar su situación y ocupando a menudo esa figura paternal de la que carecía. Como confirman las palabras de Dave Van Halanger (que jugó bajo las órdenes de Bowden en West Virginia), “los jugadores sentíamos un gran aprecio por el entrenador. Siempre estaba accesible y tenía tiempo para nosotros. Te escuchaba y no siempre respondía que sí, pero cuando te negaba algo te lo explicaba y compartía contigo sus sentimientos. La respuesta seguiría siendo que no pero al menos sentías que te escuchaba y le entendías”.
Su Legado
A sus casi 77 años, hasta el propio Bobby Bowden es consciente de que sus mejores años como entrenador han pasado, sin embargo, su admirado historial y su legado son innegables. Considerado un genio de la estrategia en el football y conocido como “The Gambler” por su capacidad para las jugadas de engaño, con su carisma y simpatía ha divertido durante décadas a los seguidores del football universitario con sus memorables citas (una extensa recopilación de algunas de las mejores puede consultarse en este enlace). Uno de los logros más admirados de su historial es el éxito que sus equipos siempre han tenido en la postemporada, ya que su récord en bowls (20-8-1), sólo es superado por otra leyenda viva del college football, Joe Paterno, ya que con 22 es el entrenador que más bowl games han ganado en la historia.
En sus 31 años al mando de Florida State sólo ha tenido una temporada con balance perdedor, y fue la de su llegada en 1976, acumulando un récord de 296-82-4 con los Seminoles. Además ha conseguido algo prácticamente imposible de repetir, y es que es el único entrenador de la historia de la Division I-A en haber enlazado consecutivamente 14 temporadas con 10 o más victorias, además de haber terminado en el Top-5 de la AP poll en todas y cada una de esas 14 temporadas, un logro realmente impresionante.
FSU lleva bajo su mando, 26 presencias consecutivas en bowls, y desde su afiliación a la ACC han ganado 12 de los 15 títulos disputados, 9 de ellos consecutivos (1992-2000).
En el 2004, la Asociación de Atletas Cristianos presentó oficialmente el Nacional Bobby Bowden Award, un galardón anual que premia al jugador de football universitario que destaque no sólo por sus logros en el terreno de juego, sino también académicos y en la comunidad. También en 2004, la universidad de Florida State decidió honrar a su legendario entrenador de football renombrado el Doak Campbell Stadium con el nombre de Bobby Bowden Field at Doak Campbell Stadium, erigiendo una estatua de bronce en su honor en los aledaños del estadio. El Bobby Bowden Field fue oficialmente inaugurado como tal el 20 de Noviembre de 2004 en el encuentro anual ante Florida.
Tres de los hijos de Bowden han seguido su camino y son entrenadores en el football universitario, aunque sólo Tommy y Terry han llegado a ser entrenadores principales. Ambos han conseguido una temporada perfecta como hizo su padre en 1999, Terry en 1993 con Auburn (con lo que consiguió el premio a Entrenador del Año) y Tommy con Tulane en 1998, aunque sólo a su padre le sirvió para ganar un campeonato nacional. Y desde que Tommy es el entrenador de Clemson (como ya hemos comentado anteriormente), padre e hijo se enfrentan anualmente en la “Bowden Bowl”. Actualmente, Bobby mantiene una ligera ventaja en las series con 5 victorias y 4 derrotas, pero son precisamente los últimos 4 enfrentamientos entre ambos los que se han saldado con victoria de Tommy (lo que constituye la única vez en la historia que un padre ha sido vencido por su hijo en un enfrentamiento directo en cualquiera de los 4 grandes deportes estadounidenses). Además, en la temporada de 1999 estaba programado en el calendario de aquella temporada un enfrentamiento entre la Auburn de Terry y Florida State, pero la dimisión el año anterior del entrenador de los Tigers evitó que se disputase otra versión del encuentro “familiar”.
Estoy siendo entrenado por una leyenda” afirma Andre Fluellen cuando se le pregunta por su entrenador. Una palabra (leyenda) que a menudo aparece ligada al nombre de Bobby Bowden, y es que se ha forjado un merecido puesto en los anales de la historia del football universitario, grabando su nombre junto a muchos otros ilustres, comenzando por el hecho de que ningún otro entrenador ha ganado tantos partidos como él. Pero se ha ganado todo esto merecidamente, con respeto y notoriedad no sólo por los hechos que ha logrado sino en la manera que los ha conseguido. “Es un honor poder enfrentarme a él. Es algo que en un futuro podré contar orgullosamente a mis nietos” dijo Kan Dorrell, head coach de UCLA, durante la disputa de le Emerald Bowl del pasado año. Todo este reconocimiento tuvo su culminación el pasado mes de Diciembre, cuando Bobby Bowden y Joe Paterno fueron incluidos en el Hall of Fame del football universitario. Para ello tuvieron que cambiar la norma que exigía a los nominados estar retirados para poder ser incluidos. Creo que todos los seguidores y amantes del college football estarán de acuerdo en que la ocasión bien lo merecía. Larga vida Coach Bowden.

SAMFORD
W
L
T
Pct
1959
9
1
0
.900
1960
8
1
0
.889
1961
7
2
0
.778
1962
7
2
0
.778
Total (4 años)
31
6
0
.838
WEST VIRGINIA
W
L
T
Pct
1970
8
3
0
.727
1971
7
4
0
.636
1972 Peach)
8
4
0
.667
1973
6
5
0
.545
1974
4
7
0
.364
1975 Peach)
9
3
0
.750
Total (6 años)
42
26
0
.618
FLORIDA STATE
W
L
T
Pct
1976
5
6
0
.455
1977 (Tangerine)
10
2
0
.833
1978
8
3
0
.727
1979 (Orange)
11
1
0
.917
1980 (Orange)
10
2
0
.833
1981
6
5
0
.545
1982 (Gator)
9
3
0
.750
1983 (Peach)
8
4
0
.667
1984 (Citrus)
7
3
2
.667
1985 (Gator)
9
3
0
.727
1986 (All-American)
7
4
1
.625
1987 (Fiesta)
11
1
0
.917
1988 (Sugar)
11
1
0
.917
1989 (Fiesta)
10
2
0
.833
1990 (Blockbuster)
10
2
0
.833
1991 (Cotton)
11
2
0
.846
1992 (Orange)
11
1
0
.917
1993 (Orange)
12
1
0
.923
1994 (Sugar)
10
1
1
.864
1995 (Orange)
10
2
0
.833
1996 (Sugar)
11
1
0
.923
1997 (Sugar)
11
1
0
.923
1998 (Fiesta)
11
2
0
.846
1999 (Sugar)
12
0
0
1.000
2000 (Orange)
11
2
0
.846
2001 (Gator)
8
4
0
.667
2002 (Sugar)
9
5
0
.643
2003 (Orange)
10
3
0
.769
2004 (Gator)
9
3
0
.750
2005 (Orange)
8
5
0
.615
2006 (Emerald)
7
6
0
.538
TOTAL (31 AÑOS)
293
81
4
.780
TOTAL: 366-113-4 (76’2%) • 41 Años
pajomer
ForoCoches: Miembro
#2
pero qué diablos??????


Edito: polefutbolamericano
pepeluis69
ForoCoches: Miembro
#3
¿¿Pide perdón por el tocho, no??
speed-freak
...15...
#4
...muy muy interesante lo que cuenta en la línea 206...
tommybcn
ForoCoches: Miembro
#5
Pués que quieres q te diga, a mi me ha impactado la linea 8.304
Elc@no
ForoCoches: Miembro
#6
¿un breve resumen?

Third Eye
._:
#7
Cita de Elc@no
¿un breve resumen?

Se perderían muchos detalles
Third Eye
._:
#8
el up de la tarde
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