Os voy a contar una historia.
09-jul-2005 20:47
#1
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El día nueve de julio de 1.982, un niño de un año, un mes y cinco días viajaba tranquilamente en el 600 verde lechuguino de su madre, como todos los días. De repente, aquel viaje que parecía igual que todos los demás, acabó en un sitio inesperado, un descampado junto a una carretera nacional. La madre de este niño paró el 600 y bajó junto a su hijo, para entrar en una tienda especial, a recoger un paquete especial. Tanto la madre como el hijo montaron por primera vez en aquel nuevo coche que la madre del niño acababa de adquirir con toda la ilusión del mundo: Un Renault 5 TL de color amarillo limón que iba a sustituir al pobre 600, que ya aquejaba los años y la falta de fiabilidad. Aquel primer contacto del niño con este coche, provocó que entre ambos surgiera una gran amistad. Sin saberlo, coche y niño firmaron un pacto por el que no se separarían nunca, y por el que además se iban a cuidar el uno del otro. Ambos partieron junto a la madre hacia casa, donde el coche dormiría la mayoría de sus días en la familia. El tiempo fue pasando. Los padres de este niño, disfrutando de coche nuevo, lo usaban a diario, con un resultado espectacular. Todos los viajes que hacía al pueblo, por aquel bancal que hacía las veces de carretera, todos los días que el coche transportaba al niño hasta el colegio, todas las veces que padres, niño, hermanito (nacido tres años después), maletas, tienda de campaña, mesas, sillas, sacos de dormir, comidas, etc recorrían España entera a bordo de la Pulga Amarilla, todas las veces que los cuatro se desplazaban en el coche amarillo hasta el monte, pasando por pistas forestales, todas las veces que, en compañía de varios coches más, se iban de viaje siempre en primera línea, siempre de guía gracias a su color distintivo en la carretera...... todas esas veces el coche demostró su valía, su fiabilidad, su comodidad y su -con perdón- par de huevos, que hacía que nadie nunca lo dejará atrás ni se atreviera a reirse de la pulga amarilla. Únicamente una vez provocó un pequeño revuelo en un viaje, cuando, en una carretera perdida en los Pirineos, la correa del alternador dijo basta y se rompió. Pero esto no impidió continuar el viaje, ya que una cordonera de zapatilla fue la sustituta de la correa hasta un taller mecánico. Percances tuvo pocos, y fueron todos derivados de golpes sin culpa del protagonista de la historia: uno que no frenó a tiempo en una cola, otro que se saltó un ceda el paso, uno que hizo marcha atrás cuando no debía, y algún que otro coche extraño que gustó de acariciar la amarilla carrocería de este Renault 5 que, por cierto, ya iba notando el paso de los años en forma de óxido. Así pasó 18 de sus años, hasta que por fin, aquel niño creció y el 5 de mayo de 2.000 obtuvo su carnet de conducir, cuando el coche había recorrido 164.000 kilómetros por toda la geografía española y parte de la extranjera, a manos de su dueña y de su marido, padres de aquel niño. Lo primero que hizo este ya no tan niño cuando recibió la placa que informaba de su reciente carnet, fue ir a ver a su cochecito, que lo esperaba alegre en el garaje. La "L" fue puesta de forma orgullosa en su sitio, y el primer viaje del Renault 5 y el niño a sus mandos, estaba en marcha. El primer día, sin embargo, no fue muy bueno el viaje, siete veces el coche interrumpió su marcha, su terquedad a la hora de ser conducido -no le gustaba que le trataran duramente el embrague- y la poca suavidad con la que el niño lo trataba, impidieron un mejor comienzo. No obstante, el pacto sellado al principio hizo que tanto el niño como el coche volvieran a conectar, y ambos se cuidaron mutuamente. El niño procuraba manejar suavemente el coche, y el coche a cambio le permitía de vez en cuando un uso más divertido. Ambos vivieron ese primer verano de forma especial, haciendo algunas travesuras que a ambos sentaban bien. Se acabó el verano, y con él, la diversión. Aquel niño comenzaba una nueva época a 55 kilómetros de su casa en horario escolar, y tanto el niño como el coche acordaron permanecer juntos, a pesar de que la madre del niño tuvo intención de sustituir al pobre Renault 5 por otro coche más moderno, pero no más fiable, ni más cómodo, ni más cariñoso. Fueron unas semanas duras, porque el niño, según el pacto suscrito, defendía al coche para que éste permaneciera en la familia (de la que ya era miembro honorífico), y el coche, a cambio, durante el primer año, cuidó perfectamente al niño, logrando que hasta los 212.000 kilómetros logrados a finales de junio del año siguiente, todos y cada uno de esos kilómetros transcurresen de forma alegre y formal, incluso aquella noche que por motivos que tienen que ver con un mal mantenimiento por parte del mecánico, el coche se quedó sin aceite, recorriendo casi 40 kilómetros, hasta casa, sin el preciado líquido. Un tapón nuevo, unos litros de aceite nuevo, y a rodar. Pasó el segundo verano, y el niño ya no recorría tantos kilómetros a bordo del coche, puesto que una nueva compañera, una Citroën Berlingo, había llegado a la familia, y el Renault 5 tuvo más oportunidades de descansar. Pero una vez más, en septiembre, niño y coche se hicieron compañeros de viaje, y el único sobresalto que tuvieron en ese año, fue otra vez debido a un mal mantenimiento por parte del mecánico, que "olvidó" conectar el termostato cuando limpió el circuito de refrigeración. En un atasco, los manguitos reventaron y por primera vez el niño vio a su coche subido en una grúa, con gran tristeza por ambas partes. Manguitos nuevos y a correr otra vez alegremente los dos, niño y coche, de nuevo en simbiosis. A partir de abril de 2.002, el niño se vio obligado a trabajar a 100 kilómetros de casa, y de nuevo ambos se aliaron para conseguir sus objetivos. El Renault 5 se desplazaba muy a menudo entre ambos lugares, a pesar de que el niño se mudó de casa llevándose algo de ropa y a su inseparable compañero. Pocos meses después, volvieron con la cabeza muy alta y juntos, como siempre. En octubre de ese año, el niño conoció a quien pensaba su nueva compañera para toda la vida, una linda muchacha que no vivía en su pueblo. De nuevo el niño y el coche se aliaron para vivir grandes momentos junto a esta muchacha, a pesar de que la compañera del Renault 5, la Berlingo, y un nuevo pero usado compañero, un Renault Traffic, compartían esos momentos con La Pulga Amarilla, que pasó a un segundo plano en la vida familiar, con el fin de conservarlo lo mejor posible. El hermano de este niño, también con el carnet de conducir ya, relevó en parte al niño en el manejo del protagonista de esta historia. En febrero de este año, sin embargo, tanto el niño como el coche pasaron por la situación más delicada que podían pasar, ya que un energúmeno irresponsable realizó con su todoterreno y su bola de remolque una maniobra de marcha atrás sin mirar si había alguien detrás de él. Esto provocó un gran daño tanto en el niño como en el coche. En el coche, provocó una rotura de radiador, con la consecuente pérdida de líquido, y en el niño, provocó una sensación de rabia, impotencia y sentimientos vengativos hacia aquel individuo irresponsable que por supuesto no comprendía que aquello no era simplemente un radiador roto, sino que era una herida en el corazón de los dos miembros del pacto, directa al corazón, y muy profunda. En ese momento comenzó una lucha por salvar la vida del coche, ya que, después de estar tres semanas abandonado en un descampado, fue por fin peritado, aunque el resultado no fue ni de lejos satisfactorio: Siniestro total, por un arreglo de 730 €. El niño, todavía con la rabia del golpe, juró salvar el coche, a pesar de que la compañía de seguros no quería saber nada. Luchó con todas las armas que encontró a su paso, habló, discutió, peleó, enseñó los dientes y, por fin, gracias a la ayuda de un forero de forocoches, obtuvo recompensa. La compañía de seguros cedió y procedió a hacerse cargo de la reparación del coche, en mayo. Coche que, sin embargo, llevaba circulando ya cierto tiempo. Aprovechando esta coyuntura, y como compensación por los dos meses tan malos que había pasado el coche en el taller lejos de sus seres queridos, sobre todo del niño, éste consiguió que una nueva parte de la carrocería del coche olvidara sus señales de edad, el óxido, y luciese toda la parte delantera mejor que el primer día, consiguiendo que de nuevo el coche recobrara parte de su aspecto juvenil (recordemos que de corazón fue siempre joven) para volver ambos a pasear orgullosos por las calles de todos los lugares a los que han ido uno al mando del otro, incluyendo Madrid y Valencia. Sin embargo, el niño había adquirido un año antes otro compañero de viajes, con el que el Renault 5 debería compartir a este niño. Era un Suzuki Samurai, que a partir de entonces, sobre todo por motivos de trabajo, iba a acompañar al niño a donde quisiera que fuese, con permiso del Renault 5 que llevaba en su interior a menudo a su fiel compañero, sobre todo cuando de largos viajes por carretera se trataba. Ambos, niño y coche, siempre se han cuidado el uno al otro. El coche se defendía muy bien solo cuando lo atacaban, sobre todo a base de rampazos eléctricos a personas bien elegidas, pero siempre ha necesitado del niño. ¿Qué sería del coche sin él? ¿Qué sería de él sin el coche? Nunca se sabrá, por eso el niño prometió hace tiempo acompañar el resto de sus días al coche, y además cuidarlo y rejuvenecerlo todo lo que pudiera, para así conseguir que el coche siempre pueda lucir sus faros risueños allá donde vayan juntos, que seguro que serán muy buenos sitios. Por ello, hoy, 23 cumpleaños del Renault 5 TL amarillo, el niño le escribe estas líneas, como homenaje a su fiel compañero de viaje. Por muchos años. |
Editado: 09-jul-2005 20:49 -
09-jul-2005 20:52
#2
| A la hora de escribir estas líneas, me cuesta una barbaridad debido a la gran presencia de lágrimas en mis ojos. |
09-jul-2005 21:01
#3
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Es una historia muy bonita, y lo mejor de todo, real. Que suerte que puedas conservar aún ese coche, que mas que valor economico, tiene un valor sentimental enorme por lo que veo. Me he acordado leyendolo, del 127 de mi abuela, la de veces que habre jugado con mis coches en la bandeja trasera....solo conocio una dueña hasta el fin de sus dias: mi abuela. Espero que lo puedas seguir cuidando y teniendo muchos años mas, y que siga dandote muchas satisfacciones. |
09-jul-2005 21:17
#5
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Cita de morastaquiteria
A la hora de escribir estas líneas, me cuesta una barbaridad debido a la gran presencia de lágrimas en mis ojos.
Fascinante relato que me acabo de leer del tirón. Sigue así, no cambies.
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09-jul-2005 21:19
#6
| Perdón, se me olvidaba la Mahou... 5 estrellas que se las merece bien éste post. |
09-jul-2005 21:21
#7
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Mi idea es no separarnos, y la verdad, me ha costado escribir esto, porque quería escribirlo todo de golpe. Hoy lo hemos celebrado a empujones, porque la batería que lleva del Feubert ya chochea. Luego lo he llevado a la carpintería, un pequeño ajuste y engrase, un lavado previo paseo en carretera, y a dormir al garaje. |
09-jul-2005 21:54
#9
| ufffff... todavia no me he recuperado de haber entragado mi malaguita en prever.... |
09-jul-2005 22:20
#10
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ola tus webos y los cojones de la pulga amarilla! ole ole y ole! a seguir disfrutando de el SALUDOS |
09-jul-2005 22:32
#11
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Si te dijese que no lloro en estos momentos, mentiria vilmente. Felicita el R5 de mi parte, y recibe un fuerte abrazo.
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09-jul-2005 23:09
#13
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ultimamente estoy sorprendido de la cantidad de r5 que veo por vitoria, sin duda ese coche se ha ganado un hueco entre los grandes. enhorabuena por este genial relato, cuida la a la pulga amarilla tio! |
09-jul-2005 23:53
#14
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Preciosa la historia, que te dure muchos, pero que muchos años el R5 es una maravilla, yo tengo tambien un valor sentimental con un 21, que compro mi padre a finales del 87 y hoy endia con 225.000 km (cerca), hace todos los dias 100 km hasta malaga, pero me gustaria comprar uno nuevo,yamismo uno nuevo y dejar este cuidadito ( para dejar que dure muchos años) Saludos |
10-jul-2005 01:52
#18
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joder tio, es un relato precioso me hace recordar tanto... claro q yo nunca tuve un pacto de amistad y si lo hubo, no lo cumpli ![]() 5 estrellas! |
10-jul-2005 04:19
#21
| Eso mismo me habría gustado poder hacer con el R-21 2L T que mi padre vendió 1 año antes de que me sacara el carnet. Qué lástima. |
10-jul-2005 07:09
#22
| Las lagrimas saltan, ens erio. Son máquinas, pero uno les toma cariño, un verdadero cariño. Felicidades. |
10-jul-2005 08:47
#23
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Cita de Biscoteintegral
Está precioso, ¿cuántos kilómetros tiene ahora?
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10-jul-2005 11:19
#24
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Hola. Hacìa tiempo que no escribìa nada en el foro, màs por desidio que otra cosa pero esta historia es preciosa y tù un gran tipo. Salu2 |
10-jul-2005 12:10
#26
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esta de puta madre la historia, me siento indentificao a punta pala, pero mi pacto fue con 16 años hacia mi santana, cundo mi padre compro una crysler voyager y lo dejo en una cochera del campo, ayi arrumbao. Yo no tenia carnet pero iba a por el y me daba una vuelta, y lo mimaba y le decia cosas. cuando con 18 tacos (en el año 2000) mi padre me dijo ahora es tuyo, bua me caian la lagrimas como puños, le hicimos seguro y solo cambio de aceite, y tras mas de 2 años parao (bueno quitao las vueltecillas a escondias) fui a pasar la itv, y el tio la paso como un puto campeon (ya llevaba 185000km). En septiembre de ese año tenia que ir a estudiar a 130km de mi casa y hable con mi padre y me dijo que podia llevarmelo, entonces surgio mi pacto, "si me aguantas los 3 o 4 años que tengo que estar estudiando, seras mi nene mimao", pues bien termine este año y el tio dice que quiere seguir viviendo como nunca, ahora lo estoy restaurando muy poco a poco (dado que no tengo otro pa circular por ahi), yo lo llamo "mi santi" mis amigos y demas gentes lo conocen como la maquina del tiempo o como el barco. |
10-jul-2005 12:59
#27
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Un relato precioso, se nota que lo que dices te sale de dentro, que disfrutes de tu querido R5 durante muchísimos años más. Saludos. |
10-jul-2005 13:53
#28
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Un relato muy bonito, cuidalo mucho, un coche asi marca de por vida a los que queremos nuestras monturas. |
11-jul-2005 11:29
#29
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Hola, Moras: Una historia preciosa y emocionante. Yo tengo un Super 5 con 14 años y 217.000 kms., (creo que alguna vez ya he hablado de el en este foro) que también pienso conservar hasta que me muera, por la gran cantidad de satisfacciones que me ha dado, y los buenos momentos que he pasado con él. Cinco estrellas para ti. Saludos |
11-jul-2005 18:54
#30
Una pasada de relato.Uff! casi no puedo ver el teclado.Como me ha recordado la vieja "Siata" familiar.Que lo disfrutes otros 200mil más
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Una pasada de relato.Uff!
casi no puedo ver el teclado.Como me ha recordado la vieja "Siata" familiar.Que lo disfrutes otros 200mil más