Una historia Imperial...

Rigoleto
Rigoleto y dos Rigolines
#1
ROLAND

Comencemos por el principio, que es por donde se deben comenzar las historias para no dejar nunca nada a medias. Debemos remontarnos al año 1959. Aquel verano pasaría a la historia como uno de los más calurosos. Uno de esos veranos donde era frecuente sacar el televisor al porche a ver el fútbol, y así buscar el auxilio del aire fresco (escaso, eso sí). El equipo local ha pasado a profesionales y aunque juegan muy cerca de su casa, en el campo del viejo Dickson, muchos vecinos ven los partidos en el televisor. Encontraban más apasionante ver a su equipo en la televisión nacional que dos calles más allá de su propia casa. El tiempo pasa tan rápido... Quien iba a pensar que treinta años después ganarían dos superbowls seguidas…Hoy todo el mundo conoce a los Broncos, pero pocos saben que ese equipo legendario nació por una apuesta en noche de borrachera.

Pero esa tarde Roland no está centrado en el partido. Su cabeza no para de darle vueltas al comentario del bueno de Frank: ‘Roland, manda esa chatarra ya al demonio. Sólo me queda una preciosidad, un sedan, como te gustan a ti, y cuando te decidas, será tarde’.

Es cierto que el President estaba ya muy perjudicado, y muy demodé. Roland llevaba tiempo ahorrando para un coche nuevo. Pero la voz profunda de su padre retumbaba en su cabeza. ‘Roland hijo, guarda siempre que puedas. Nunca sabes cuándo lo vas a necesitar. Apura las cosas. Hay muy poco imprescindible en esta vida’.

Lo cierto es que cumplía lo que predicaba. Tres días después de su muerte Roland no podía creer la cantidad de dinero que su padre guardaba en la cuenta corriente. El viejo Lebay vivía con lo justo, pero sabía muy bien cómo sacar partido a sus réditos. No obstante Roland tenía muy claro que ese dinero no le iba a cambiar la vida. Es difícil romper el troquel fundido desde el germen y su padre había hecho un buen trabajo. Sus hijos disfrutarán ese dinero. Para él, no tener que preocuparse de eso ya era el alivio que necesitaba.

Frank eran uno de sus mejores amigos. Solía venir los sábados a su casa a ver el partido. Hay dos cosas que nunca fallaban: las seis latas de Bud, y un coche diferente cada vez. Era el espectáculo de la calle, y los vecinos hacían apuestas a ver si repetía modelo, o si sorprendía con una nueva joya. Ventajas de tener un concesionario. Al ‘polaco’, como le llamaban sus íntimos, le iban bien las cosas.


- ¿Has perdido el juicio? ¿6500 dólares?

- Maldito judío, no me estás escuchando! Eso es lo que vale el coche, es su precio de mercado. Pero tengo margen con la central…el mes que viene empiezan a traerme el modelo ’60 y no quieren que tenga ‘59s en la exposición. Te digo que con eso y sin mi comisión te ahorras un par de miles!

- Es mucho dinero, polaco. No.. no puedo, no debo.. ¿No tienes algo más barato?

- ¡Claro que lo tengo! ¿Pero qué quieres, un Fury? ¿Un jodido Desoto? Escucha, esto es lo más de lo más. No hay nada por encima. NADA! Y te voy a decir una cosa. En dos semanas el descuento será público, y otro se lo llevará. Y entonces te arrepentirás. Ese coche es para toda la vida. Indestructible!

Sin ser consciente, Frank había dado en el clavo. Él sabía que a Roland le gustaba ese modelo. Los últimos sábados había visto el folleto sobre la mesita del salón, y cada vez más arrugado, sin duda debido al constante ‘manoseo’. Aún así se resistía a ir a verlo en persona. Roland se conoce muy bien, y sabe que si lo ve, lo querrá. Y trata de evitar ese momento, quizás a la espera de que otro se le adelante. Pero las palabras ‘para toda la vida’ eran posiblemente el empujón que el austero Roland necesitaba.

El ‘polaco’ apreciaba mucho a su amigo, y realmente quería que se quedara el coche. Era una gran oportunidad, una buena ocasión para una buena persona. Y se alegró cuando éste le dijo: ‘mañana voy a tu tienda y me invitas a un café’. Sabia que el coche ya era suyo.





FRANK

En el cruce de West Greenwood con Brodway estaba ‘Majestic Motors’. 10 años atrás, Frank Kvacek se había presentado en Detroit con un traje prestado y 15 pavos en el bolsillo. Pero su palabrería, casi hipnótica, había dejado anonadados a los de Chrysler, que le pasaron un pequeña concesión por sus tres marcas. A los 5 años ya era el segundo ‘dealer’ del país. Un auténtico genio comercial.

Al Studebaker se le oía venir tres calles atrás. Por eso Roland no se sorprendió a ver a su amigo el polaco fuera de la tienda, esperándole en la acera.. Frank le sostenía la puerta mientas apuraba un Chester. Estaban hablando del posible fichaje de Carmichael, cuando al entrar en la exposición, vio el coche. Y no pudo decir ni palabra. Roland se detuvo justo detrás del LeBaron. Estuvo un minuto observando el coche, hasta que sacó su Kodak Pony, y empezó a tirar fotos del coche hasta casi vaciar el carrete.

- Tranquilo hombre, ¡Jajaja! Que no se va a ir a ningún sitio.

Roland no reaccionaba a las palabras de su amigo. Solo fotografiaba y fotografiaba cada detalle. El brillante techo de acero inoxidable relucía como un espejo. Las aletas traseras eran enormes, interminables. El maletero era casi el doble que el de su maltrecho President. La tapicería, de paño y cuero todavía conservaba el plástico de fábrica en las plazas traseras. Y ese olor, ese olor a coche nuevo tan inconfundible…


Primeras fotos en Majestic



Su Imperial Lebaron era el 235 de una única serie de 622 coches. Traía todos los extras que se podían incorporar en aquella época: asientos swivel, aire acondicionado independiente para las plazas delanteras y las traseras, control de crucero, dirección asistida, suspensión hidráulica, antena eléctrica, asientos, cristales y puertas eléctricas, y un largo etcétera… Se decía que era el mejor coche americano construido hasta la fecha.


Frank extendió la mano a través de la ventanilla, ofreciéndole una llave dorada.

- Arráncalo.

El sonido del 413, grave y enérgico retumbaba en el concesionario. Los 350 caballos rugían y pedían asfalto. Roland acariciaba el volante y no podía levantar la mirada del tablero. Estaba totalmente absorbido por el coche.

- Vamos a sacarlo y dar una vuelta, me parece que de éste ya no te bajas.

Esas palabras le volvieron a la realidad. Por fin se había dado cuenta que el momento existía, no era un sueño.

- ¡Sácalo, sí! Quiero fotografiarlo fuera. ¡Son las primeras fotos de mi coche nuevo!



Sacando el coche para probarlo.




El polaco no se equivocó. Para Roland ya era su coche. Su primer coche nuevo. Y aunque costosa, le fue rentable la inversión. Nunca tuvo otro coche.


Entrega oficial de llaves. En la foto Frank entrega las llaves a Roland. Cortesía de Chrysler Motors.



ARNIE

Faltaban 3 días para que Arnie, el único hijo de Mary y Roland cumpliera los 19 años. Estaba metiendo la última caja con sus cosas en el maletero del LeBaron mientras sus padres le observaban desde el porche, con sentimientos encontrados. Su hijo se marchaba a New Jersey, con una beca de futbolista para la Rutgers y estaban muy orgullosos del chaval. Pero claro, son muchos kilómetros y es duro pasar de ver a tu hijo todos los días a verlo en navidades y acción de gracias. Pero es ley de vida.

El viejo LeBaron también se mudaba. Hacia dos años que Roland ya no podía conducir, y en cierta manera se sentía más seguro si Arnie se marchaba con él. Lo había protegido todos estos años, a él y a toda su familia. Y con él debía marchar. Por primera vez en su vida al coche le costó arrancar, casi como si no quisiera irse. Acababa de cumplir 20 años, uno más que el chico y según las leyes de Colorado ya era oficialmente una antigüedad. Lo cierto es que los automóviles han cambiado mucho, muchísimo en los últimos quince años. Y en el umbral de 1980 ese hierro de Detroit parece mucho más viejo de lo que es. Pero eso a Arnie no le importaba. Quería muchísimo a ese coche, que lo vio nacer y crecer hasta convertirse en un joven deportista, noble y amable. Nunca le había fallado y no quería desprenderse de el.

La casa de los Ebberts era su nuevo hogar. Su tía Angie, hermana mayor de su madre se había casado con un tratante holandes, Jaap, y se había mudado a Jersey hacía ya muchos años. No habían tenido hijos, así que la llegada de su sobrino era en cierta manera un premio para ellos. De hecho, tenían previsto regresar a Europa, pero decidieron aplazarlo ante la llegada de Arnie.

El primer año en Jersey fue muy bueno para Arnie. A los triunfos deportivos hubo que añadir sus éxitos como estudiante. Era realmente bueno. Nunca pasó desapercibido, y mucho menos su coche. Todo un espectáculo cuando llegaba al campus con su viejo Imperial. Algunos se reían de él, llamándolo ‘trozo de chatarra’. Pero otros muchos esbozaban una sonrisa cada vez que veían a Arnie pasar en su querido coche.


Go Rutgers!!

Pero la realidad se imponía cada vez más, y durante el segundo año el Imperial visitó bastante menos el campus. Los años no habían pasado en balde para el coche, y además suponía un excesivo gasto, dado los kilómetros que debía recorrer al día. Arnie tenía claro que no compraría otro coche… ¡Sería una traición!, así que se arregló entre trenes y otros estudiantes para ir a las clases.

A su tío Jaap siempre le habían apasionado los coches, sobretodo los enormes y exagerados americanos de los 50 y 60. Ahora tenía mucho tiempo libre, tras su reciente jubilación, y tener el viejo Imperial en el garage de su casa era un auténtico placer para el holandés. Así que el coche se convirtió en su hobbie, y poco a poco fue adecentándolo, cambiando algunas piezas y reparando viejos golpes.

A pocos le extrañó que Arnie se licenciara como primero de su curso, con unas notas espectaculares. Tanto fue así que seis meses antes de recibir su título ya tenía solicitudes de trabajo. Finalmente, aceptó una suculenta oferta en Pierre, Dakota del Sur. Aunque aún lejos, estaría más próximo a sus padres. Roland había sufrido un considerable bajón en su estado de salud, y sin duda la ausencia de su hijo los últimos años había aumentado su pena.

Roland y Mary celebraron la noticia al otro lado del teléfono. Pero casi al instante el padre se mostró preocupado por que su hijo tuviera que recorrer seis estados en el viejo Lebaron.

- Papa, precisamente quería hablarte del coche. Llevo tiempo pensado en algo, pero quería consultarlo contigo. Me gustaría que el coche se lo quedaran los tíos. Ya sabes que durante estos últimos años el tio J lo ha arreglado y cuidado mucho. Realmente se ha encariñado con el coche, y no me gustaría acabara sus años metido en un garage. Además, así seguiría en la familia.

- Hijo, es tu coche y tu decisión. Me parece un detalle precioso. Ellos se han portado como unos padres contigo, y tú ahora te estas portando como un hijo con ellos.

Roland murió a los nueve meses, arropado por Mary y Arnie. Sin duda había pasado por el mundo dejando huella y recordado como un buen hombre.





JAAP

Tras una semana y no pocas llamadas de sus cuñados, Jaap finalmente aceptó el viejo Lebaron. Desde luego que quería el coche, pero lo consideraba demasiado premio. Durante los siguientes meses no hubo día que no saliera con el coche, que presentaba mucho mejor aspecto tras las largas horas de garage que el holandés le había brindado. En su cabeza, el futuro traslado a Europa. Y ante la posibilidad de no regresar a los Estados Unidos, Jaap lo tuvo claro. Tendría que comprar ‘un billete más’. Y así fue como el viajero Imperial llegó a España.


El Imperial en Gandía. Ya con matrícula holandesa.

En Gandía hay una pequeña comunidad de holandeses, donde hace 15 años viven los dos hermanos de Jaap. Fue realmente fácil para el matrimonio adaptarse a la vida mediterránea. Los días eran plácidos. De playa, suculentas comidas e inacabables tertulias. Como buen hombre de costumbres, Jaap desayunaba todos los días en un pequeño quiosco-bar de la 332. Era un espectáculo verlo llegar en su imponente americano, realmente caro de ver en España y cuyas breves carreteras lo hacían incluso más grande de lo que era.

Julio conducía su flamante Katana. Salía de Gandía tras visitar a un cliente, cuando al pasar por delante del pequeño quisco vio el Lebaron aparcado. ‘Un Imperial holandés, eso sí es curioso’. Sin dudarlo dio la vuelta y se dirigió hacia el establecimiento. No tardó en dar con el propietario. Julio tenía tres clásicos americanos, y era posiblemente la persona del entorno que más sabía acerca de esos automóviles. No es de extrañar que el encuentro acabara repitiéndose cada mes, hasta forjar una buena amistad durante más de cuatro años. Ah, la despedida era siempre la misma: ‘¡Llámame cuando quieras venderlo, tienes mi número!’ El holandés siempre sonreía, diciendo que ‘no’ con la cabeza.

Un día, fiel a su cita no escrita Julio acudió a Gandía. Se sorprendió al no ver el coche en el aparcamiento. El propietario le contó con pesar que Jaap y su mujer se habían marchado a Holanda apresuradamente. No habían dado muchas explicaciones, pero se rumoreaba que era por motivos de salud. Realmente el joven lo sintió, ya que había tomado aprecio por su amigo holandés y su precioso Imperial. ‘Así es la vida’, pensó.





JULIO

- Hi! Can I speak to Julio, please?

Julio saltó de un brinco del sofá donde dormía la siesta. Esa voz… había pasado mucho tiempo, pero la reconoció al instante. Jaap, su amigo holandés del que no sabía nada desde hacía ocho años estaba llamándole.

- I can’t believe it. Jaap, it’s you?

Sí. Era él. El holandés no había olvidado la coletilla que repetía su amigo cada vez que se despedían y finalmente le llamó para venderle el coche. Durante cuarenta y cinco minutos los amigos se pusieron al día. Habían tenido que marcharse a Holanda para tratar a Angie, su mujer. Hacía dos años que había fallecido. Durante todo este tiempo el Lebaron se había quedado aparcado en el patio de los Ebberts, tapado y ausente del mundo. Finalmente, Jaap se decidió a venderlo. Los años y las penas pesaban demasiado, y cansado de la vida decidió ir cerrando puertas ordenadamente, como buen holandés. No hubo discusión con su amigo español, y a los diez días una plataforma entraba en la discreta villa para emprender un viaje de dos mil kilómetros.

- Quiero que sepas que mucha gente se interesó por el coche, pero siempre supe que si algún día lo vendía, sería a ti. Tu sabes la historia del coche, y lo que significaba para mí. Por favor, dale la dignidad que se merece.

Durante estos años, la colección de Julio había crecido bastante. Su obsesión por los americanos le había llevado a juntar unos cuantos Cadillacs, un Desoto, un Camaro, varios Chryslers y un precioso Mustang. Un total de 9 coches, todos en perfecto orden de marcha. Un auténtico museo. Aunque Julio siempre se lamentaba de no encontrar tiempo para disfrutarlos.

Nuestro querido Imperial era descargado de la grúa y empujado por cuatro personas a duras penas. Todos estos años de inactividad, protegido de las inclemencias por una escueta funda le habían pasado factura, y el coche estaba realmente perjudicado. Julio iba haciendo su esquema mental (frenos, suspensiones, depósito, carburador, palieres, uff… cuánto trabajo). Y la corrosión también se había cebado con el coche, que presentaba serias ampollas de mitad de las puertas había abajo. El coche tendría que esperar, era mucho trabajo y no se podía reparar a medias.

Por suerte para Julio, el negocio le marchaba realmente bien. Pero su trabajo suponía estar mucho tiempo fuera de Alicante. Su empresa había crecido en los últimos años, pero a costa de su tiempo y dedicación, como no puede ser de otra manera. Y así siguieron los años para el coche, aparcado en su nuevo hogar pero sin un horizonte cercano. Y esta circunstancia se alargó, durante casi ocho años más.





DAVID

¿Y quien es ese David y qué pinta en esta historia? Pues bien: soy yo, el que os escribe y cuenta esta historia. El día que conocí a Julio descubrimos que aparte de la afición por los coches teníamos unos cuantos amigos comunes. Es lo que tiene Alicante, que es un pañuelo. Nunca olvidaré el primer día que visité su garage. Pero sobretodo, nunca olvidaré la primera vez que ví el Imperial. Y algo mágico ocurrió, muy difícil de explicar. El coche estaba realmente perjudicado, pero era imponente, precioso. Yo no conocía nada acerca de este modelo, y Julio me dejó impresionado cuando me contó la repercusión que el coche tuvo en su época. Ahora entiendo lo que debió sentir Roland cuando subió al auto por primera vez en el concesionario, porque yo sentí lo mismo. El techo rajado y descolgado me daba en la cabeza. Cientos de copos de lana poblaban el interior, tras un festín seguramente de algún que otro roedor con la maltrecha tapicería. Pero todo eso daba igual. Cuando puse las manos en el enorme volante, sentí un flash.. una imagen en mi cabeza que me transportaba cincuenta años atrás. No tenía sentido. Salí del coche, y lo rodeé en silencio, una y otra vez. Miraba el óxido, los maltrechos cromados, el motor lleno de telarañas y totalmente inerte. Pero todo eso me daba igual.

Y pienso de veras que Julio se dio cuenta que algo peculiar estaba pasando. Nunca pensó en vender el coche, y eso que interesados no le faltaban. Pero sinceramente creo que se sentía en deuda con el holandés, y ante el convencimiento de que nunca llegaría el momento de encontrar tiempo para devolverlo a la vida, quiso esperar a la persona adecuada. Y algo aquella tarde le dijo que ese era yo.


Por fin conmigo.

Y por eso, amigos míos termino estas líneas con mi maltrecho portátil sentando en mi Lebaron. Tengo una deuda pendiente con Roland, Arnie, Jaap y con Julio. Y sé que la cumpliré. Desconozco cuanto tiempo me llevará, pero el viejo Imperial volverá a las carreteras. Así que, atentos, porque quizás algún día os cruzaréis con él y pensaréis que 54 años y cinco vidas, no son nada.
Imágenes Adjuntas
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El Cierrabares
ForoCoches: Miembro
#2
Preciosa historia y presentación de tu coche. Enhorabuena por la adquisición y gracias por contar la historia.

Ánimo con la restauración y cuéntanosla, claro!!

Mis cinco estrellas por la presentación y ya tienes a uno suscrito a la espera de novedades.
arangar57
ForoCoches: Miembro
#3
buenas
muy buena presentación rigoletto espero nos mantengas al corriente de la restauracion
Mitch-Bullitt
Ford Sierra RS Cosworth
#4
una presentacion de lo mejorcito que he leido en fc! 5 estrellazas y quedo a la espera de ver ese lebaron!
Quebec
Mincho, never forget you.
#5
Muy bonita la historia.

En los primeros párrafos estaba pensando en "Christine".

Ehmmmm... Alicante está muy lejos de Chiva?.
theblackmissil
Fueras reviao!
#6
5 estrellazas y un aplauso muy grande por esa pedazo de historia que te has marcado con todo el pasado del coche.

De los mejores post del año.
fenses
ForoCoches: Miembro
#7
Primero: Cochazo precioso, está mejor documentado que los del Rey de España
Segundo: 5 ESTRELLAS!!!
gasnitroso
ForoCoches: Miembro
#8
cinco estrellas,a disfrutarlo.
tds pts
#VR46
#9
Gracias por la Historia del coche compañero, gracias por compartirla y muy bonito coche
un saludo
Rigoleto
Rigoleto y dos Rigolines
#10
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.

Me gustaría dejar claro, que esta historia es eso... una historia. Y como tal puede ser real, o ficticia. En este caso es real y ficticia.

Siempre me han apasionado las historias de los coches que he tenido. De hecho por ahí andarán algunos posts antiguos míos hablando de otros coches. En el caso del Imperial, los agujeros de algunos años, imposibles de averiguar me han hecho rellenarlos de fantasía. Aunque realmente eso no me importa. De hecho, algunos aficionados a los coches y al cine de los 80 habrán reconocido algún nombre conocido en esta historia.

Gracias por leerla.

Saludos

Rigoleto
Alicante
pablo1988
Rallies Grupo B
#11
Enhorabuena por el coche. Preciosa presentación y espero leer pronto más de él
1303SVLC
ForoCoches: Miembro
#12
Rigoleto
Rigoleto y dos Rigolines
#13
Por cierto Quebec, de Alicante a Chiva hay 196 kms.
habitat.
ForoCoches: Miembro
#14
Acojonante... pillo sitio, esto tiene pinta de ser algo brutal.
tdi fr
ForoCoches: Miembro
#15
Te voy a ser sincero....al principio crei que seria un tocho infumable....pero nada mas lejos de la realidad , lo he leido sin saltarme una palabra.....enhorabuena por el coche y gracias por compartir la historia. Por cosas como estas y alguna mas sigue mereciendo la pena el subforo de Clasicos.
Clío Salmantino
Qvod natvra non dat.
#16


Aunque supongo que no habría dudas de cuál iba a ser la calificación .

Lo mismo, pero en niveles de ansiedad, de ganas que tenemos de ver a ese Imperial dando guerra .

Enhorabuena por el 'utilitario' .
r8ts
ForoCoches: Miembro
#17
Otro que se queda por aquí . Gracias por compartirlo.
flurister
ForoCoches: Miembro
#18
5 estrellas...
peke096
ForoCoches: Miembro
#19
Muy buena historia pillo sitio
Kessp
Tráteme de Vd.
#20
Preciosa la historia y el coche.

Saludos.
Roads
Haciendo amigos
#21
Me ha gustado la historia. Es impresionante documentar así tantos años y tantos dueños. Realmente insólito.

Enhorabuena.

¡Y a ver cuando vemos rodar esa preciosidad!
Quebec
Mincho, never forget you.
#22
Cita de Rigoleto
Por cierto Quebec, de Alicante a Chiva hay 196 kms.
Cachis... demasiado. Si estuviera más cerca, te mandaba un MP.
Donorriaga
#23
Bravo!
ALF_16
.su virgen viste de oro.
#24
Buff, impresionante...

No se q tienen estos tanques, q enamoran a uno XD
Ernest
el 100 por las venas
#25
Buenisima historia. Enhorabuena por semejante tanque
Rigoleto
Rigoleto y dos Rigolines
#26
Os voy a enseñar algunas curiosidades del modelo. No olvidemos que hablamos de 1959.



Elevalunas eléctrico a las cuatros puertas, y cierre centralizado. Cada puerta lleva su mando independiente.



Asientos Swivel. Se desplazan hacia afuera para que sea más cómodo entrar y salir. Conductor y acompañante. Además los asientos se desplazan eléctricamente hacia todas direcciones.





El cuadro es simplemente precioso.



Cambio de marchas automático por botones. Mando de intermitencia. Abajo se ve el mando a distancia del retrovisor exterior, y el botón de la antena eléctrica.



Controles del Aire acondicionado.




Esta es una unidad independiente de Aire acondicionado para las plazas traseras. Va instalada al fondo del maletero. Un extra de la época.



'Auto Pilot'. Otro extra de la época. Lo que hoy en día conocemos como 'Cruise control', o control de velocidad de crucero.



Otro extra. El 'Silvercrest Landau Roof', techo de acero inoxidable.

Poco a poco os iré enseñando más cosillas.

Saludos!

Rigoleto
Alicante
Quebec
Mincho, never forget you.
#27
No veo las fotos

Sólo aspas rojas...
Rigoleto
Rigoleto y dos Rigolines
#28
A ver ahora...
Lucky Stroll
ForoCoches: Miembro
#29
impresionante.
Rigoleto
Rigoleto y dos Rigolines
#30
Cita de Rigoleto
Os voy a enseñar algunas curiosidades del modelo. No olvidemos que hablamos de 1959.



Elevalunas eléctrico a las cuatros puertas, y cierre centralizado. Cada puerta lleva su mando independiente.



Asientos Swivel. Se desplazan hacia afuera para que sea más cómodo entrar y salir. Conductor y acompañante. Además los asientos se desplazan eléctricamente hacia todas direcciones.





El cuadro es simplemente precioso.



Cambio de marchas automático por botones. Mando de intermitencia. Abajo se ve el mando a distancia del retrovisor exterior, y el botón de la antena eléctrica.



Controles del Aire acondicionado.




Esta es una unidad independiente de Aire acondicionado para las plazas traseras. Va instalada al fondo del maletero. Un extra de la época.



'Auto Pilot'. Otro extra de la época. Lo que hoy en día conocemos como 'Cruise control', o control de velocidad de crucero.



Otro extra. El 'Silvercrest Landau Roof', techo de acero inoxidable.

Poco a poco os iré enseñando más cosillas.

Saludos!

Rigoleto
Alicante
Se ven ahora las fotos??
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