Te toca a ti

Chico Sun
Mola un Montón!
#1
Parte I

“Quieres abrir la maldita puerta!?”

Alex sonríe metida en la bañera, no responde, no habla, se limita a ver como el carácter de su hermano, se convierte en el puño que golpea la sacrificada madera.

“Vamos joder, tengo que arreglarme aún!”

Ni siquiera el agua recorre su cuerpo, esta vestida, estirada, y tiene los pies apoyados sobre la pared que queda justo encima del regulador de temperatura.

Una fina capucha gris cubre su cabeza, mientras sus manos se entretienen jugando con un pequeño pez de plástico, que el menor de sus hermanos, dejo escondido en uno de los rincones del baño.

Disfruta con la situación, adora enrabietar a Daniel. Para ella, su hermano mayor, representa todo lo que detesta de un hombre.

Es presuntuoso, engreído, vanidoso, y el ser más insensible con el que jamás se ha cruzado.

“Alex déjalo ya! Deja entrar a tu hermano!...Alex!”

Es la voz de su madre, la señal de que el juego ha concluido, y el motivo por el cual finalmente abandona la bañera.

No porque su madre le intimide, jamás ha tenido el carácter suficiente, sino porque indica, que el tiempo se ha echado encima, y que llegó la hora de marchar.

Alex devuelve el pequeño pez a su refugio, y abre la puerta del baño, antes de quitar el pestillo, y bajar la maneta, sonríe por última vez, mientras su mirada apunta hacía el suelo.

Al abrirla, su cuerpo y el de Daniel se cruzan.

“Un día te partiré la cara, y no podrás hacer nada…”

Ella responde sin ni siquiera mirarle.

“Un día te ahogaré mientras duermas, y no podrás hacer nada…”

El silencio aparece durante unos segundos, y la puerta del baño se cierra finalmente.

Justo en ese instante, Eric, el dueño del pequeño pez que descansa junto a la bañera, cruza el pasillo subido a una diminuta moto de plástico.

Ella le acaricia la cabeza y sonríe, mientras aquella moto a pies, sigue el recorrido marcado por el pequeño de los hermanos.

Son tres concretamente, siendo Alex la única chica. Aunque en realidad, en aquella casa, las mujeres son mayoría. Los tres hermanos viven junto a su madre, y junto a la mujer de esta.

Hace unos años que se separó del padre de Alex, y decidió darle otra oportunidad al amor, esta vez, junto a Amanda.

“Hoy cocinará Amy, ha dicho que nos preparará una cena especial…”

“No creo que hoy venga a cenar…”

“Pero le haría mucha ilusión que estuviésemos todos,… ya sabes como es, disfruta con todo esto,…y a mi me gustaría hacerlo también, Alex…”

“Guárdame mi parte entonces mamá,… no te preocupes…”

Ambas se abrazan, y Alex se despide de su madre con un tierno beso, antes de marcharse a iniciar un nuevo semestre en la Universidad.

“Que vaya bien el día, hija…”

Se sonríen, y deja la puerta atrás, mientras, se coloca un día más sus cascos, y le da forma al pañuelo que lleva atado al cuello. Aquella capucha gris queda ahora a la altura de su espalda, y parte del jersey a rallas azules y blancas asoma de entre la nada. Unos finos tejanos prácticamente negros, y unas zapatillas moradas y mutiladas por ella, le acompañan hoy.

Comienza a sonar Dumb, de Nirvana

“I’m not like them but I can pretend”

El camino hacía la parada del autobús se forma a medida que sus pasos avanzan.

A su izquierda, un obeso anciano consume con tranquilidad un enorme puro, está sentado sobre un banco, durante unos segundos y entre calada y calada, sus ojos se entrelazan.

Tras el, hay un tipo alto que parece buscar en la basura.

Los gritos de una desbordada madre que condenan a un pequeño niño, hacen que su cabeza cambie de dirección.

Detrás de ellos, aparece la indefensa silueta, de un joven chaval, aparentemente débil y desprotegido, sus miradas conectan un instante, hasta que de nuevo el vuelve a esconderse, del miedo que parece provocarle la gente.

Un perro arrastrado por el tirar de su dueña, ni siquiera puede detenerse, parece que lo necesita urgentemente, pero la correa no lo permite, lo hace de todos modos, aquella mujer no piensa recogerlo.

Ancianas caminando cogidas, comparten la misma posición, el mismo peinado, el mismo gesto.

Una pequeña niña desnudando la corteza de un gigantesco árbol, su padre está dentro del bar, riendo junto a los que parecen saber porque ríe.

Sus pequeños ojos la miran, le devuelve la mirada con dulzura.

Chavales vestidos con cadenas, pieles oscuras, parecen tener como esclavas a un rebaño de chicas que les siguen.

Alex se detiene, y le devuelve la mirada a la pequeña niña, que todavía despoja al árbol, de su fina armadura.

La parada del autobús está aún vacía, se sienta a la derecha del todo, mientras una anciana llega a lo lejos, poco a poco.

Le sonríe y le devuelve la sonrisa, ambas están apoyadas sobre aquél pequeño respaldo metálico.

Un grupo de seis personas se acercan desde la otra calle, ríen entre ellos, y entre ellas, ve asomar carpetas, indicativo que le hace pensar, que también son carne de Universidad.

El autobús aparece en la lejanía de aquella espera, sube por las diminutas escaleras que hay tras la puerta, levanta la cabeza y se encuentra con los ojos de quien sentado frente al volante, la desnuda de abajo arriba.

Le devuelve una mirada cargada de repugnancia e ira, y accede hasta el último de los asientos, que queda junto a la ventana.

Está completamente lleno, pero no cargado del todo.

Busca a través del vidrio, lo que la ciudad le ofrece. Está agotada aquella imagen.

Dos mujeres pidiendo limosna, comparten calle, pero viven en edades extremadamente lejanas.

Una cuadrilla de adolescentes se ríen de un hombre, que espera pacientemente para cruzar hacía el otro lado de la calle, el lo sabe, sus ojos parecen bailar entre su rostro, la inquietud de su mandíbula y el nerviosismo de su puño, piden dejar atrás aquella risa.

Los edificios parecen seguir un dibujo sin vida, completamente artificial, sin color, serios, como policías que custodian la posibilidad de cambiar, como vigilantes de los días.

En una de las paradas, dos chicos suben, llevan un móvil en las manos, desde el que hacen escuchar al resto de pasajeros, una sonido que agoniza.

Ella les mira, ellos se sientan justo delante.

Su cabeza se pierde de nuevo en el cristal, un chaval sentado en un banco, diez chicas alrededor suyo, parecen competir por alguno de sus cumplidos.

Tres niños corren, entre mujeres que parecen condenarles por hacerlo.

Abuelos esconden los brazos tras la espalda, y una preciosa joven cruza frente a los ojos de quien la sigue, de quien la envuelve en palabras de deseo, de quien cuida de su inseguro y necesitado ego.

Delante de Alex, pero justo al otro lado, se encuentra la anciana, que le sonrío al llegar a la parada, parece desear bajar en esta misma, los dos chavales que tiene delante, comparten el mismo pensamiento, pero no parece que respeten, a quien necesita más tiempo para hacerlo.

El brazo de Alex los detiene, cuando sin importancia alguna, están obligando a que aquella mujer, no pueda ponerse en pie.

La sonrisa de la anciana se lo agradece, uno de ellos, el que tiene el brazo de Alex encima, se lo aparta de un manotazo, la mira entonces, y le dice que no vuelva a tocarle en la vida.

Ella mantiene la mirada, no se mueve, ni cede, ni teme.

Sólo sonríe mientras las palabras todavía llegan.

Llego su parada, baja mientras aparece de la nada una de sus viejas amigas.

“Alex! Alex!...”

Se retira uno de los cascos, y baja el volumen.

“Que asco tener que volver,… me hubiese quedado metida en la cama todo el día,…como estás?...Tengo que contarte algo,…he dejado de verme con Cris…”

Ambas avanzan por el campus, encaran el pequeño paseo que las lleva hasta el acceso al edificio.

“Enhorabuena…”

“No sé si hice bien,…ni siquiera se si me engañó, me pudieron haber mentido,…ya sabes como son,…quizás sólo lo hicieron para que lo dejara de ver….y si he cometido un error?...el parecía decirme la verdad….”

Suben las escaleras que les acercan hasta la puerta, la gente se amontona en ella, y en los alrededores de todo aquel escenario.

“Si no te engañó, te engañará, todos te lo han hecho… yo misma lo haría…”

Samantha se detiene allí, y Alex empuja la puerta que la separa del centro.

Encara el recorrido de su izquierda, y se pierde entre toda la gente que comparte con ella, el primer día en aquel nuevo semestre.

Sabe que los ojos de muchas de sus compañeras, la buscan con arrogancia, no encaja entre aquellos grupos de chicas que parecen competir por una plaza.

Tampoco lo desea, sin embargo la popularidad le guarda un sitio, no por un acto, ni por un hecho, sino por la belleza que la ampara.

Es una joven extremadamente bella, su pelo castaño descansa poco más allá de sus pequeños hombros, el color de sus ojos parece no tener nombre, ni registro, pero la fuerza con la que se clava su mirada, es motivo suficiente, como para querer ser visto, labios finos, pero para nada diminutos, y una fragilidad aparente que se convierte en carácter en cuanto su voz trasmite sonido.

Sube las concurridas escaleras que la deben dejar frente a la primera de las aulas, que hoy espera verla

Siente como se presentan, las miradas de quien desea una oportunidad de sus ojos. Jamás les mira.

La puerta está abierta, entra dentro, y se sienta viendo como en unos segundos, todo aquel vacío, se convierte en vida.

Aprovecha los descansos, para sentarse en alguno de los bancos de madera, que hay situados a lo largo del edificio, allí colocada sobre el, a veces con los pies cruzados, otras sobre ellos, lee alguno de los libros que siempre le acompañan.

Muchas veces ni siquiera se percata, que las clases se han reanudado de nuevo, y se olvida de ellas, sumergida en alguna de las páginas en las que se encuentra.





Ha terminado el primero de los días, de aquella nueva etapa, regresa a través de uno de los pasillos que la siguió al comienzo de la mañana, Samantha aparece detrás y se planta junto a ella.

“Donde te habías metido? No has ido a las dos últimas clases….”

“Se me pasó…”

La escena presenta entonces a Teo, la última de las piezas, que conforman el puzzle de personas allegadas a Alex, dentro del centro. Tiene contacto con varias, pero sólo con ellas mantiene una relación.

Teo es un chico homosexual, admira a Alex, al igual que lo hace Sam, le encantaría parecerse a ella, vive permanentemente pendiente de su aspecto, y del aspecto de todo el que tiene vida en aquella pequeña ciudad, y en aquel pequeño recinto.

“ Habéis visto como está uno de los nuevos de segunda hora?...Creo que se llama Tom,…Tim…Tam…no sé…”

“Cuál es!?...Cuál es!?”

Teo y Sam se detienen un instante, mientra Alex encara las escaleras. Poco después la alcanzan corriendo detrás, hasta que se plantan junto a ella.

“Nos vemos está tarde un rato? Podemos ir de compras…” - pregunta Sam.


“No puedo, tengo la tarde liada,…nos vemos mañana…”


Se despiden de ella y regresan camino atrás, Alex prosigue junto a la comitiva de árboles, que se encuentran junto a sus pasos.






Desaparece en el cuerpo de aquella ciudad, entre las venas que recogen aquella silueta
gris.

Un grupo de jóvenes camina hacía ella, comparten aquella minúscula acera, cuando la distancia es mínima uno de ellos se dirige a Alex.

“Eh…como está la chica, no?”
“Oye…porque no te vienes con nosotros?”

No les mira a los ojos, prosigue sus pasos, hasta que se planta a su altura, y sin dirigir la mirada hacía ellos, cruza a través del hueco que queda entre sus cuerpos, y les responde sin pensárselo un momento.

“Pedídselo a vuestras madres…”

Allí quietos, se giran al ver como continua caminando, sin hacerles caso.

“Maldita zorra…”

Aparece entonces, en una de las avenidas más grandes que tiene la ciudad, esquiva inconscientemente todo el que comparte escenario con ella, mira sin buscar, ve sin querer, camina sin motivo, hasta que finalmente se detiene frente a un enorme escaparate.

En el interior de aquella tienda de ropa, ve como el deseo de una madre, convierte prácticamente en puta, a una de sus pequeñas hijas.

Aquella imagen, durante unos segundos, parece inmovilizarla.



Se encuentra parada junto a un enorme cruce, entre una multitud de gente que ve como el semáforo todavía esconde el verde, aquellas situaciones le recuerdan al comienzo de una batalla, donde los dos bandos quedan situados uno frente al otro, justo antes de comenzar el combate, largas hileras frente al paso de peatones, esperan una señal para romper filas, y atacar.

Cuando la luz cambia, y la gente se revuelve en aquel pequeño espacio intermedio, el tiempo parece detenerse entre la cantidad de cuerpos, y todo aparenta formar parte de una coreografía que apenas dura unos segundos.

Hay una pequeña librería, al final de la plaza real, donde suele entrar semanalmente a buscar lecturas que la convenzan.

La librería esta regentada, por una pareja de ancianos, que están allí desde hace más de treinta años.

Al entrar, el habitual golpeo de la puerta contra una pequeña campana, siempre le da seguridad, y le hace sentir como en casa.

Es preciosa, a la vez que diminuta, siempre la sonríen al verla por allí, y ella siempre devuelve la sonrisa. Se entretiene entre la cantidad de libros que amontonan en unas minúsculas mesas que quedan justo en el medio de aquel humilde sitio.

Hay una escalera de madera, que conduce a un segundo piso desconocido, las estanterías están repletas de libros que parecen estar siempre al borde del abismo.

Lee las primeras páginas de algunos, o a veces se deja llevar sólo por lo que le trasmiten las desgastadas portadas, o el simple olor del paso de las hojas.

Aquellos libros están de oferta, y decide siempre darles una oportunidad, antes que buscar entre los últimos artículos.

La anaranjada luz, y el cuadriculado suelo de baldosas negras y blancas, la vigilan durante el largo tiempo que permanece allí.

Levanta la mirada un instante, y ve como uno de los jóvenes que camina por el interior de la librería, esconde un pequeño libro en uno de los bolsillos de su pantalón, después, trata de camuflarlo con una enorme sudadera.

Deja el libro que tiene entre manos apoyado sobre el centenar de posibilidades que hay sobre la mesa, y antes de que salga por la pequeña puerta, se planta tras el, y coge aquel deteriorado ejemplar, que trataba de sacar con sigilo.

El chico se percata, y se da media vuelta, los ancianos ven lo ocurrido, y antes de abandonar la librería, aquel joven chaval carga contra Alex.

“Jodida imbécil…”

Alex deja el libro sobre el mostrador, la mujer se lo agradece, coge entonces el que pocos segundos antes estuvo ojeando, y se lo lleva dejando el dinero sobre la mano del anciano.





El camino la guía sobre un enorme puente, por el que cruzan cientos de personas, bajo este, miles de vehículos atraviesan cada hora aquella concurrida zona, ella se sienta en uno de los muros de hormigón, que a su vez componen el cuerpo de aquel paso.

Debajo de sus pies, la vida de todos aquellos coches, y el rumbo que sus dueños marcan junto a ellos, sus piernas quedan suspendidas, el tráfico cruza justo bajo ellas, la imagen la hipnotiza, el sonido, la luz, el movimiento, tras ella la gente sigue cruzando a través de aquella plataforma.

Se fija en la parte trasera de sus zapatillas, en cada una hay escrita una sola palabra.

“Up” puede leer en una de ellas, “Down” en la otra.

Camina de nuevo, a través ya de la oscuridad que viste ahora, a una ciudad mucho más tranquila.

Al pasar por un pequeño rincón, sin apenas vida, una nerviosa anciana aparece junto a una de las puertas.

Parece buscar a alguien, hasta que su mirada se detiene en Alex.

“Puedes venir un momento hija…me podrías hacer un favor?... Mira, tiene que venir ahora un chico, a revisar el calentador,…y…yo vivo sola, y me da miedo que me pase algo…me entiendes hija?”

Alex sonríe y entra con ella en el interior de aquella humilde casa.

“Gracias hija, Gracias…mira! Pican!...tiene que ser el!”

Camina por el interior del comedor, mientras la anciana se dirige hacía la puerta y la libera de cada uno de esos cierres.

El joven parece ser de confianza, viste el traje propio de la empresa a la que parece pertenecer, y acompaña a la mujer hacía la cocina, esta, mira un segundo a Alex y le sonríe, ella le devuelve la sonrisa entonces.

Se pierde de nuevo en el pequeño comedor, y en la oscuridad que tiene aquella modesta casa, rebusca entre los libros que hay en los estantes, y lee el título de muchos de ellos, no los conoce en su mayoría, pero ve como Dios aparece en cada uno de los que mira.

Hay un pequeño cisne con sombrero, subido a una bicicleta de porcelana, una foto antigua de un hombre, y un reloj que parece conocer al tiempo, desde que era prácticamente niño.

El técnico parece haber hecho su trabajo, y desaparece entonces tras la puerta, la mujer regresa al comedor y enciende una de las luces que hay en la sala.

“Así verás mejor chica…parece que era de confianza,… soy muy mayor y me da miedo todo lo que escucho en televisión, o escucho por ahí…muchas gracias hija….quieres quedarte a cenar?”

“No quiero molestar…”

“No lo haces, si yo no espero a nadie, en serio, te prepararé algo….”

“Gracias…”

Ambas comparten cena, y el calor de una pequeña estufa, que les acompaña junto a sus pies.

“Cuantos años tienes?

“20”

“Y vives por aquí?”

“No muy lejos…”

“Desde que murió mi marido, estoy aquí sola, y siempre temo que me ocurra cualquier cosa, normalmente cuando viene alguien lo hace por la mañana,…quieras que no con el Sol me siento mucho más segura…pero este chico solo podía venir a estas horas, y llevo toda la tarde preocupada…”

“La entiendo, últimamente la ciudad se ha convertido en algo aterrador…”

“Y tu aún eres joven hija….”

“Eso no importa, créame…”

La cena termina, y Alex recoge la mesa, mientras la agradecida anciana, busca en uno de los armarios de su habitación.

Alex se asoma de nuevo al comedor, y la mujer aparece con una caja metálica, invitándola a sentarse de nuevo en una de aquellas sillas.

“Mira, mira…esta era yo…”

“Muy guapa…”

“Ah,…en aquella época me llevaba a todos los hombres de calle,…como tu seguro…que afortunada eres hija,…quien pudiese tener tus años de nuevo…”

Alex sonríe, mientras ve todas aquellas fotos, no dice nada, pese a que lleva rato pensando en irse, finalmente se despide, y le promete que tal vez un día regresará de nuevo.

La noche ya custodia las calles, un día más, camina lentamente hasta casa, no está muy lejos de allí, se ata bien el pañuelo al cuello, y se abriga todo lo que puede, mientras continua el camino de vuelta.

Decide sentarse unos minutos, en el escalón, que hay frente a una de las puertas.

Allí deja pasar el tiempo, no tiene prisa, ni ganas de volver todavía.

Algo llama su atención, entre la oscuridad aparece la fría silueta de un chico, lleva una capucha que le tapa completamente toda la cabeza, y algo parece esconderle el resto, es imposible apreciar el dibujo que tiene su cara.

Se planta frente a una pequeña calle alejada del paso de la gente, y parece escribir algo en aquella agónica pared.

Tan rápido como aparece, se esfuma entre aquella negrura.





Su madre recoge los restos de la cena que finalmente no la vio formar parte, ella se retira el pañuelo, y parte de lo que lleva encima, mientras lo deja en su habitación.

“Te hemos guardado un poco de tarta,…está sobre el microondas por si quieres un pedazo…”

“Como ha ido tu prime día?”

“Bien, tranquilo…”

Daniel está metido en su cuarto, y la luz de la habitación de Eric todavía sigue encendida.

“ Estás jugando?”

“Si…”

“Un barco? Un barco pirata?...Te gustaría ser un pirata?...”

“Si…”

“Porque?”

“Por que llevan sombrero…”

Alex sonríe, y deja a Eric jugando en el suelo de madera, que acoge todo lo que su imaginación cuenta.

Regresa a su cuarto y cierra la puerta, coge una de las camisetas que hay apoyadas sobre una silla de madera, cercana a la ventana.

Comienza a recortarla, y a darle una nueva forma al contorno que hasta hace unos segundos, todavía tenía. Un pequeño corte en el pico del cuello, un par de dedos menos en la manga, lo necesario para colocársela ya encima, la puerta se abre de nuevo, es su madre, le trae una porción de tarta.

“No entiendo la manía que tienes, de destrozar la ropa…”

“No la destrozo, le doy vida…”

Su madre se marcha, y de nuevo ella cierra la puerta. Kurt Cobain preside desde un póster todo lo que sucede en aquella habitación, Alex enciende los altavoces del reproductor, apaga las luces, y espera a la música.

Suena Crystalised de XX, sitúa sus manos como si un micro sostuviesen, cierra los ojos, traga saliva, inclina la cabeza hacía su derecha, y los primeros acordes empiezan a emerger, en cuanto la letra aparece, la oscuridad la ve convertida en la imagen que da vida, a la voz que nace con aquella canción, sus labios se mueven al ritmo que las palabras marcan, se siente frente a un enorme teatro, con un público completamente desbordado debajo, parece notar como el aliento la empuja, como la fama la protege detrás, como las luces la impactan, como la imagen se convierte en realidad, el ritmo aumenta y su pulso se acelera, parece jugar con el micrófono, como si quisiese excitarlo, hasta que el sonido desciende, y sus ojos se abren en medio del frío de toda aquella oscuridad.

PGLONE!
Miembrazo
#2
Pole
Lunayecks
Desmembrado
#3
Veamos...
hyde_t70s
ForoCoches: Miembro
#4
Fail en hilo de Chico Sun
jesusto12
ForoCoches: Miembro
#5
Pillando sitio.
Kucu
TRAS
#6
Pont Aeri
ok
#7
pues ok
Nenefer
ForoCoches: Miembro
#8
PRIMERA PÁGINA EN UN HILO TUYO!!!!!!! QUE ILUSIÓN!!!!

Ahora mismo me lo leo!!!
AdriGl
ForoCoches: Miembro
#9
Primera pagina en Hilo Sun
Prydz
ForoCoches: Miembro
#10
Menudo tocho.
Malgani
Save me, Barry!
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Liwyatan
Leviatán
#12
Pillo sitio antes de leer.
KAMPELL
ForoCoches: Miembro
#13
Pillando sitio...
iglobe
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#14
Solo te diré una cosa:

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ams 19
ForoCoches: Miembro
#15
i esto que titula?
amigotes
ForoCoches: Miembro
#16
First peich
whowho
Semiban user
#17
Pillando sitio
Charanini
Charanini
#18
Cita de PGLONE!
Pole
A pelo
Hazel_
ForoCoches: Miembro
#19
muy largo, lo leeré después
vite
ForoCoches: Miembro
#20
fisrt peich y me dispongo a leer
Phoenix_88
Semper fidelis
#21
Pillando sitio en first page!!!!!
A leer se ha dicho
Galluu
Con doble U, como Yandel
#22
Pillo sitio.
Lay
Ma' homie.
#23
pasion.75
usuario1
#24
einggg
alpacino
Cuenta Verificada ☑️
#25
Ahora me lo leo
25 Pesetas
ForoCoches: Miembro
#26
Copón, en mi vida habia visto tantas letras juntas!
powertivoli
ForoCoches: Miembro
#27
Hasta los huevos de los hilos de Chico Sun, hoyga
El Pipone
Demigrando el forro
#28
Peazo fail en hilo de Chico Sun; su publicidad, aquí, desde luego que no.
Rufus-
ForoCoches: Miembro
#29
Otra?
Javii_mlg
#30
a mi no, hoy le toca al de abajo
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