Tema Propio: Batalla de Cunaxa
04-feb-2004 01:44
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Hola, El titulo del post quizás hubiera sido mas correcto denominarse “Anabasis, la retirada de los Diez Mil” pero he querido darle un toque mas personal debido a mi nick. Por eso, este post tratara de una expedición griega que realizo una de las más apasionantes “aventuras” de la antigüedad y que tiene como punto más importante su participación en la batalla de Cunaxa (401 AC), que está narrada en el libro “Anabasis”. Primero es necesaria una pequeña introducción sobre el Imperio Persa, este imperio de gran extensión era en realidad un gigante con los pies de barro al estar formado por satrapias (provincias) que guardaban obediencia a la autoridad central ... pero solo a veces. Mapa Imperio Persa De esta manera el imperio podía montar gigantescos ejércitos como los que levanto para luchar contra los griegos durante las fracasadas guerras medicas pero al mismo tiempo tenia que vérselas en otros momentos con importantes sublevaciones de sus gobernadores. Además de estos dos factores existían las luchas internas por el poder en las cuales se englobara esta narración. Los persas al saberse inferiores militarmente en calidad que no en cantidad, decidieron vengarse de Atenas apoyando a Esparta su mayor rival en las guerras del Peloponeso (430 – 404 AC), estos últimos tenían una sociedad formada por y para la guerra que era capaz de generar un gran numero de guerreros. Mapa de Grecia durante la guerra del Peloponeso El encargado de coordinar la ayuda persa a los espartanos fue Ciro el Joven hijo de Dario II, de estos años consiguió conocimientos sobre el poder y valor de los guerreros griegos así como de su cultura. Pero la guerra termino y con ella un gran numero de guerreros griegos se quedaron sin ocupación y contando únicamente con sus conocimientos militares para subsistir, por ello muchos de ellos se convirtieron en mercenarios. En esta coyuntura el rey persa Dario II murió (405 AC) dejando a su hijo Artajerjes la corona imperial, pero Ciro de tan solo 18 años también ansiaba la corona por lo que empezó a preparar un plan para arrebatarsela a su hermano, eso tras habérsele perdonado la vida por un intento de asesinarlo en la coronación. Imágenes satrapas persas Ciro convocó a los desocupados mercenarios griegos y los unió a los soldados de los que disponía como sátrapa de la provincia Lidia. De esta manera logro reunir en Sardis un ejercito de 100.000 infantes y 2.600 jinetas persas a los que unió los griegos que contaban con 10.400 hoplitas (infantería pesada) y 2.500 peltastas (infantería ligera) que emprendieron en el 401 AC una marcha con el objetivo de sofocar una revuelta interna, o al menos eso es lo que les dijeron al reclutarlos. Imágenes de Hoplita y Peltasta Los griegos eran dirigidos por Clearco el cual era el único entre ellos que sabia que el único fin de la expedición era participar en una guerra civil por el poder, pero esta era una información que pronto fue intuida por los soldados griegos que una vez llegados a Tarso decidieron no continuar por haber sido engañados en el propósito de la campaña. Pero la promesa de un aumento en el sueldo hizo que rápidamente quedara zanjado el tema. Monedas utilizadas en el Imperio Persa A lo largo de su marcha por el basto imperio recibieron refuerzos desde Esparta en forma de 700 nuevos hoplitas que a su valor guerrero unían su condición de no-mercenarios, luchando como devolución de los favores prestado por Ciro y de 400 desertores griegos del bando real. Con estos añadidos los griegos llegarían a ser aproximadamente 14.000 soldados pero la historia les recordaría como los Diez Mil. Mapa del recorrido de la expedición de Ciro el Joven hasta la batalla de Cunaxa Finalmente la larga marcha llegó al centro del imperio en las cercanías de Babilonia donde su oponente Artajerjes había convocado asimismo un poderosisimo ejercito de forma apresurada formado por al menos 400.000 hombres, incluidos algunos griegos. Ambos ejércitos se encontraron en una localidad distante unos 80 kilómetros de Babilonia, era Cunaxa donde finalmente se produciría la batalla decisiva. Mapa de la situación de Cunaxa entre los ríos Tigris y Eufrates Los griegos al mando de Clearco se colocaron en el flanco derecho en contra de la opinión de Ciro que quería que se colocaran en el centro y que así pudieran atacar directamente a su hermano, matarlo y así terminar rápidamente la batalla. Pero esta sugerencia no fue aceptada por Clearco, que al ser espartano quería luchar en ese flanco donde tradicionalmente se conseguían los mayores honores, junto a ellos se colocarían también 1000 jinetes persas. Ciro por tanto se colocaría en el centro de la batalla junto con 600 jinetes de su guardia personal y Arieo ocuparía el ala izquierda con los 100.000 infantes y otros 1000 jinetes. Enfrente de ellos se colocaría el ejercito de su hermano, que se sitúo en el centro según la tradición persa y justo enfrente de su oponente; Este ejercito era tan heterogéneo como el imperio y se podían encontrar jinetes, arqueros, lanzadores de jabalinas y honda y los extremadamente peligrosos conductores de carros de guerra. Situación inicial del campo de batalla Los griegos a pesar de su inferioridad numérica avanzaron entonando gritos y cánticos contra los infantes persas que tenían ante si que huyeron, juntándose con los carros que también huían causando daños a su propio bando. Pero las tropas reales de Artajerjes también avanzaron e hicieron pensar a Ciro que estaban preparando una maniobra de envolvimiento contra los griegos. Ciro se lanzó junto a su guardia contra las tropas del rey en un intento de oponerse a sus movimientos, consiguiendo parar a las 10 veces más numerosas tropas enemigas, pero en el fragor de la lucha diviso a su hermano y se lanzo prácticamente en solitario contra él. Su temeridad esta vez no fue recompensada y fue herido en el rostro por una jabalina, una herida que le causaría la muerte de forma inmediata. Movimientos durante la batalla Al enterarse de la muerte de Ciro, sus tropas persas recibieron la orden de retirada general, que se convirtió en una huida desordenada mas allá de su campamento original y dejando este indefenso. Mientras las tropas persas situadas frente a las griegas se retiraban, sus compañeros de caballería bajo el mando de Tisafernes habían atravesado las líneas de los peltastas que habían dejado un pasillo para atacarlos por ambos lados. Finalmente los griegos ante la imposibilidad de perseguir a sus oponentes por falta de caballería decidieron volver al campamento a celebrar la victoria, pero se encontraron que este había sido destruido por las tropas persas del rey y por tanto pasaron la noche sin provisiones y bajo el frío. Así pues no seria hasta la mañana siguiente cuando se enterarían de su difícil situación al conocer la muerte de su "pagador" Ciro. La no especialmente cruel batalla (murieron entre 9.000 y 25.000 hombres) había terminado con la victoria militar de los griegos y la política de Artajerjes. Pero los primeros se encontraban sin Ciro, sin caballería, sin provisiones y a 1.700 kilómetros de sus hogares por lo que algunos desertaron al bando enemigo donde serian acogidos por los griegos ya enrolados. Imagen de guardia personal Ciro, carro armado e infanteria persa Pero la mayoría decidió permanecer unidos y volver peleando si era necesario hasta sus casas, aunque el camino utilizado en la ida no fuera posible por ser ahora perteneciente al enemigo y haber sido en parte utilizada la táctica de tierra quemada. Ante esta situación Artajerjes por medio de Tisafernes les ofreció un regreso en paz a cambio de dejar sus armas, oferta que evidentemente no aceptaron ante la posibilidad muy probable de que el rey se vengara una vez estuvieran indefensos. También recibieron una oferta más tentadora por parte de Arieo, que ahora dirigía los restos del ejercito de Ciro y que quería realizar el viaje de regreso acompañado por los griegos. Pero también de esta oferta recelaban los griegos pues pensaban que era fácil que sus acompañantes les traicionaran para recibir el perdón del rey. Mapa con recorrido del camino de vuelta Así de esta manera se inicio la marcha de regreso, por una ruta que continuaba al este cruzando el Tigris y que luego subiría hasta las fuentes de los ríos donde pensaban poder vadearlos fácilmente. Junto a ellos irían también los ejércitos de Tisafernes (de vuelta a Jonia) y los combatientes armenios dependientes del rey. Todos ellos desconfiaban entre si, por lo que había una cierta distancia entre ellos al mismo tiempo que se colocaban centinelas para descubrir cualquier aviesa intención. Los griegos estaban obligados a aceptar esta compañía pues se veían en una situación muy desventajosa, pero veían con muchos recelos las relaciones entre Arieo y Tisafernes. Para evitar malentendidos y desenmascarar a los traidores de ambas partes se realizo una reunión a la que acudieron todos los mandos griegos encabezados por Clearco, mas en esta reunión, todos los griegos fueron asesinados con la esperanza de desestabilizar al grueso de las tropas griegas que se quedaban sin cabeza. Tumba de Artajerjes II e imagen de Tisafernes En esta aun mas dramática situación los griegos decidieron en asamblea dar el poder al espartano Quirisofo en la vanguardia y dar la retaguardia al ateniense Jenofonte además de continuar el viaje de regreso por medio de la lucha sin respetar las normas de la guerra si fuera necesario, al haber sido traicionados durante una conferencia de paz. En este momento de la narración hay que parar para referirnos al nuevo personaje de Jenofonte. Este que había sido invitado a la expedición por su amigo el general Proxeno no en calidad de militar (no tenia rango) ni de civil (había recibido una educación militar), sino en un puesto que no sabría describir, ¿quizás combatiente a título propio?. Imagen de Jenofonte y cuadro junto a Socrates Jenofonte, discípulo de Socrates, provenía de una rica familia ateniense pero había apoyado a los espartanos en las guerras del peloponeso y añadía a sus cualidades una gran oratoria y una buena narrativa. De esta expedición escribió un libro llamado Anabasis (subida en griego), que generalmente recibe el subtítulo de "Retirada de los Diez Mil" que es la principal fuente que tenemos de esta expedición. Es por ello que su papel en el libro escrito por el se vea magnificado, así como los datos de las tropas que se le oponían (indica una cifra de 1.200.000 persas en el bando del rey), en todo caso los hechos narrados existieron al existir otras fuentes que los corroboran como el libro de Plutarco titulado "Artajerjes II". Imagen de Plutarco y joya persa Le expedición fue conformada en 4 grupos independientes que protegían por los cuatro costados una parte central donde se situaban los no-combatientes y las provisiones, una distribución variable según por donde transitaran. Por supuestos para hacer el camino más ligero decidieron desprenderse de todo aquello no imprescindible. Esquema marcha griega En el largo camino de vuelta y con el Tigris siempre a su izquierda fueron perseguidos por las tropas de Tisafernes que sin poder atacarlos directamente los acosaba con disparos de arqueros y ataques rápidos de caballería, a los que los griegos no podían responder al no disponer de esta ultima. Pero Jenofonte mando forman un improvisado grupo de caballería junto con otro de honderos que respondió a los siguientes ataques persas hasta que estos no se produjeron, pero manteniéndose estos siempre en su persecución. De esta forma continuaron su viaje a lo largo del rico imperio persa encontrándose con muy diversos y curiosos pueblos. Algunos eran pacíficos pero otros eran belicosos, especialmente los encontrados en las montañas del kurdistan donde por fin les abandonaron sus perseguidores. Imagen de poblaciones persas atravesadas Tras un largo calvario de 5 meses de marcha invernal y 2.400 kilómetros (desde Cunaxa) llegaron hasta Trebizonda, una colonia griega situada en el mar negro donde llegaron 6.000 de los 14.000 griegos iniciales. En este punto acaba la parte mas difícil de su viaje, aunque este continuaría con otras vicisitudes hasta conseguir una flota que les llevara a Bizancio y de allí a sus hogares o a continuar con sus oficios guerreros en Asia Menor. En total desde su partida, la expedición recorrio un total de 6.850 kilómetros en 15 meses. Este relato fue fuente de inspiración e información para Alejandro Magno que 67 años después realizaría la mayor conquista conocida en el muy breve periodo de tiempo entre los años 334 y 323 AC y de donde aprendería la superioridad de los hoplitas griegos si no eran rodeados por la caballería enemiga, para evitar este desbordamiento incluiría a la caballería entre sus tropas macedonias. Sin duda es un relato que a pesar de haberse escrito hace 2.400 años es vigente en la actualidad y muy interesante de leer tanto por su contenido de estrategia militar, como por las descripciones realizadas de los pueblos por los que paso la expedición y los discursos transcritos. Quizás como pega recalcar el comentario que el relato no es un reflejo fiel de la realidad y muestra detalles vanos como muy importantes y viceversa. Imperio de Alejandro Espero que os haya gustado y que no sean demasiados los errores cometidos ni muy equivocados los dibujados realizados, tened en cuenta que los datos están tomados de fuentes griegas siempre exageradas. Un saludo, Cunaxa Temas Propios “by Cunaxa”:
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Editado: 09-dic-2004 20:37 -
04-feb-2004 01:56
#2
| Fantástico tema sobre los prolegómenos del Imperio Alejandrino, uno de los momentos más estelares de la historia de la humanidad...gran post Cunaxa. |
04-feb-2004 12:11
#5
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Me lo acabo de leer entero, muy bien, tio, pero ya sabes lo que siempre te digo, queremos más!!!!! PD: Tengo que darte las gracias, el lunes salió en una reunión de trabajo con arquitectos y aparejadores el tema del Canal de Suez, y como tenía tu lectura reciente quede como dios, jeje, si pillo la faena ya te pasaré un porcentaje |
04-feb-2004 15:57
#7
Me descubro ante ud forero Cunaxa excelente explicación, compré la "Anabasis" hace unos meses y estaba esperando el momento oportuno para empezarlo... creo que ya ha llegado.Un saludo!!!! |
05-feb-2004 21:19
#8
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Escrito originalmente por castelo
Buff....me picáis para que ponga algo sobre la batalla de las Navas jeje... NHW
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07-feb-2004 11:57
#9
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Leido enterito. Muy curioso que entre hermanitos se zurraran la badana, jejeje la pena para que no acabara de parecer una peli americana, que cuando Ciro divisa a su hermanito, que no le hubiera matado la jabalina y que hubiera muerto bajo la espada del Artajerjes como traidor que era... Con la acotación de Alejandro Magno añado que hay un tema con su vida, obra y milagros: http://www.forocoches.com/foro/showt...ight=alejandro Así como el de castelo de las Navas: http://www.forocoches.com/foro/showt...&postid=904323 Bueno, ahora ya sé de dónde has sacado el Nick. Es curioso, no sé porqué pero pensaba que estaba sacado del México precolombino. |
07-feb-2004 11:58
#10
| Una cosa más, lamento haberte contestado tan tarde, pero no había visto el tema hasta ahora. Una pena. |
07-feb-2004 14:35
#11
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Escrito originalmente por castelo
Fantástico tema sobre los prolegómenos del Imperio Alejandrino, uno de los momentos más estelares de la historia de la humanidad...gran post Cunaxa. |
07-feb-2004 15:14
#12
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Escrito originalmente por poncet
Si por "momentos estelares" te refieres a las mayores guerras, atrocidades y sufrimientos que la humanidad haya conocido, sí, un momento estelar. No fue ni más ni menos cruel que otras guerras y en cambio sí tuvo un amplio legado cultural. Un saludo. |
09-ene-2009 23:54
#14
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Dos nuevos libros sobre esta epica aventura: La madre de todas las retiradas Dos libros reviven la 'Anábasis', el épico retorno de los mercenarios griegos desde Persia - La marcha de los Diez Mil ofrece un modelo en tiempos de crisis y repliegue http://www.elpais.com/articulo/cultu...lpepicul_1/Tes Con EE UU afrontando su salida de Irak y la economía en retroceso, resulta iluminador reflejarse en el espejo épico de la madre de todas las retiradas, la Anábasis, la obra en la que el historiador griego Jenofonte narró la increíble aventura de un ejército mercenario griego huérfano -los célebres Diez Mil-, perdido hace 2.400 años en la zona que es hoy Irak y Turquía, y empeñado, marcha atrás, en la vuelta a casa. Nada como los clásicos para tiempos de crisis. Si la cuesta de enero se presenta empinada, ¿qué mejor ejemplo que el de esa esforzada hueste helena del siglo V antes de Cristo que no cede ante la adversidad, atraviesa desiertos infernales, cruza ríos caudalosos, asciende montañas, arrostra la nieve, los dardos de los enemigos, el hambre, la traición, la pérdida de sus caudillos y el desaliento para, al final y contra todo pronóstico, llegar al horizonte y salvarse? A diferencia de otro legendario contingente griego de número redondo, los 300 -los espartanos autosacrificados en las Termópilas-, los Diez Mil ofrecen esperanza. Escena de la retirada de los mercenarios griegos en un bajorrelieve- Enrolados por dinero bajo la bandera del príncipe Ciro el Joven para disputar el trono de Persia a su hermano, el rey de reyes, Artajerjes II, los mercenarios griegos -en puridad unos 13.000 guerreros (Jenofonte usó la palabra myrioi, diez mil, que luce más), en su mayoría hoplitas- se encontraron con que la muerte en la batalla de Cunaxa (401 a. de C.) de su temerario empleador les dejaba en una situación tan complicada como absurda: en medio del mayor imperio del mundo, al que habían atacado, y sin nada que hacer salvo salir de allí pitando. Lo hicieron marchando desde -lo que son las cosas- cerca de lo que hoy es Bagdad a través de las montañas del Kurdistán y la meseta de Armenia hasta el mar Negro, por Trebisonda, sin dejar de combatir y pasándolo, como queda dicho, francamente mal. En total recorrieron 6.000 kilómetros que ya es distancia si vas a pie, sin GPS, con un gran escudo de bronce y mientras la gente te tira de todo por el camino. Murieron unos 4.000, pero el ejército mantuvo la cohesión y eso lo salvó. Caminaron 6.000 kilómetros, cargando el escudo; murieron unos 4.000 Un ensayo de Waterfield y una novela de Manfredi recrean la gesta Dos interesantes libros nuevos, un ensayo del especialista Robin Waterfield La retirada de Jenofonte (Gredos) y una novela de Valerio Manfredi, El ejército perdido (Grijalbo), confirman la vigencia en el imaginario moderno de esa asombrosa peripecia de los Diez Mil que culminó cuando los soldados errantes llegaron, en los Montes Pónticos, a la vista del mar, la vía para el retorno y de hecho el hogar para todo griego, y lanzaron el inmortal grito: "¡Thalassa, Thalassa!" (¡el mar, el mar!), probablemente con "¡Eureka!" y "¡To logariasmó, parakaló!" (la cuenta, por favor) la exclamación griega más universal. El ensayo de Waterfield, apasionante, sigue minuciosamente la expedición e incluye una estremecedora descripción de la batalla de Cunaxa. Se presenta muy oportunamente como "el relato de la primera expedición de soldados occidentales a Irak". Por su parte, Manfredi es, con su novela, el último en una larga cadena de autores que desde la narrativa o la poesía se han hecho eco de esa empresa imposible y ese grito inolvidable que la encapsula toda. En la épica de los Diez Mil se han reflejado otros muchos episodios, como la Noche Triste de Cortés o la retirada británica en Dunkerque (véase el sugerente The sea! The sea!, The shout of the Ten Thousand in the modern imagination, de Tim Rood, Londres, 2004). Seguramente la más curiosa plasmación moderna de la Anábasis es la novela The warriors, llevada al cine en 1979 por Walter Hill, en la que los Diez Mil se convierten en una pandilla juvenil neoyorquina acosada en su retirada hacia su territorio. Alejandro Magno tuvo mucho que leer, un siglo después, en el relato de Jenofonte, que demostraba que el imperio persa era permeable. "Le sugirió la conquista; debió pensar: Yes, we can!", ríe Manfredi al hablar de su libro con este diario. El autor regresa con una novela al mundo de los Diez Mil veinte años después de su celebrada obra académica de referencia sobre el asunto (La strada dei Diecimila, 1986). "El relato de Jenofonte siempre me ha parecido magnífico pero algo frío, una historia de varones, larga y estrecha, y he querido poner de relieve la gran carga emotiva que debió tener esa expedición. Lo que Jenofonte cuenta de la presencia de mujeres, casi todas jóvenes prostitutas, en el ejército, me dio la clave para el enfoque". La aventura de El ejército perdido está contada en primera persona por una joven siria que se une al ejército como amante de uno de sus miembros, Jeno (el propio Jenofonte). El historiador ateniense se sumó a la expedición de los Diez Mil inicialmente como cronista, aunque tuvo que luchar como todos y se convirtió en uno de los líderes del ejército en retirada, con la caballería. Jenofonte no le cae bien a Manfredi. "Era un bigotto, un santurrón, un moralista, y al final se muestra ruin", señala. Aparte del romance, el relato de Manfredi sigue pormenorizadamente la Anábasis (hay buenas traducciones en Cátedra y Gredos). La escena de la novela en la que una muchacha del harén de Ciro sale corriendo semidesnuda de la tienda perseguida por un grupo de persas y la falange griega abre las filas para dejarla pasar también está en Jenofonte: ¡No todo ha de ser arduo en la lectura de los clásicos! Manfredi especula con que la expedición fuera un asunto de intriga internacional. Esparta habría estado detrás esperando beneficiarse del cambio en el trono persa, pero sin comprometerse por si las cosas iban mal (como fueron). Luego trataron de que ese incómodo ejército se perdiese. Manfredi tiene clara la lección de la retirada de los Diez Mil: "No es tan difícil penetrar en Mesopotamia. Lo complicado es salir". |
excelente explicación, compré la "Anabasis" hace unos meses y estaba esperando el momento oportuno para empezarlo... creo que ya ha llegado.
